‘El general Aguilera’ cerró el ciclo de conferencias organizadas por Los Académicos de la Argamasilla

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El Catedrático de Historia Contemporánea de la UCLM, con destino en Ciudad Real, y director del Departamento de Historia, Francisco Alía Miranda, cerró el sábado pasado, en la Casa de Medrano de Argamasilla de Alba, el VIII Ciclo de Conferencias el Magisterio de la Palabra: “Personajes e instituciones que dan nombre a edificios, calles y plazas de Argamasilla de Alba”, organizado por la Asociación Cultural “Los Académicos de la Argamasilla”, con la colaboración del Ayuntamiento y la Diputación de Ciudad Real.

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Después de la presentación de Pilar Serrano, presidenta de los Académicos, Alía Miranda ilustró a los asistentes acerca de la vida de ‘El general Aguilera’, cuyo nombre era Francisco Aguilera y Egea (Ciudad Real, 21 de diciembre de 1857– Madrid, 19 de mayo de 1931), un militar de prestigioso reconocimiento, tanto entre los militares como entre los ciudadanos. Un político liberal que tuvo menos suerte con esta segunda faceta.

“Aguilera es un personaje fundamental en el periodo entre 1917 y 1931, porque aparece, casi por casualidad, en todos los grandes acontecimientos que suceden en España”, indicó Alía Miranda.

En 1874 ingresó al ejército para realizar la carrera militar donde pasó por todos los escalafones hasta ser capitán general del ejército español en 1931, trayectoria forjada por méritos de guerra, “que por desgracia en España teníamos muchas”, ésta era la opción para aquellos que querían ascender en el ejército y que no procedían de familias con tradición militar o aristocráticas.

Vale remarcar que en 1917, Aguilera asumió, por un período corto de tiempo, apenas dos meses, el cargo de ministro de la Guerra en el gobierno de Manuel García Prieto, un periodo truncado por la disolución de las “Juntas militares de Defensa”, e intercedió, a favor de éstas, el Rey Alfonso XIII, desautorizando al Gobierno y a Aguilera, abriéndose entre los dos una grieta que nunca llegó a cerrarse.

Sobre su vínculo con Argamasilla de Alba, informó Alía Miranda, Aguilera era propietario, posiblemente por herencia de su padre, de una importante extensión de tierra en las zonas próximas al Castillo de Peñarroya, entre las que se incluía la Finca los Cerrillos, su lugar de recuperación de las heridas de guerra, descanso y retiro tras alguno de los varapalos de su trayectoria, sobre todo política.

En la finca, Aguilera agasajaba a sus amigos más íntimos como Francisco Martínez Ramírez “El obrero”, y fue lugar de reunión de importantes personalidades de la época como Indalecio Prieto o Manuel Azaña, pudiendo ser este el lugar donde se gestaron los dos levantamientos contra la dictadura de Primo de Rivera, la denominada Sanjuanada de 1926 y la de los artilleros en Ciudad Real de enero de 1929, ambos sin éxito.

Al llegar la Segunda República, Aguilera fue indultado de los delitos por los levantamientos contra Primo de Rivera y le fueron restaurados sus bienes, confiscados para hacer frente a las altas multas que le habían impuesto por estos hechos. Así mismo, Manuel Azaña le nombró ministro de la Guerra, durante el gobierno provisional, y fue ascendido a capitán general, poco antes de morir en 1931.

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