En una jornada cargada de emociones y devoción, el presidente de la Diputación de Ciudad Real, Miguel Ángel Valverde, ha estado presente en las festividades patronales de Navalpino, acompañando a sus vecinos en honor a San Bartolomé. En lo que se ha descrito como un acto sin precedentes, Valverde se ha convertido en el primer presidente de la institución provincial en participar directamente en las celebraciones del 24 de agosto, una presencia que la alcaldesa del municipio, María Sagrario Hontanilla, ha agradecido efusivamente.
Durante las festividades, que comenzaron con una función religiosa conducida por el párroco Francisco José García Casarrubias Poveda y el sacerdote Óscar Palomino, se resaltó el compromiso de la Diputación de Ciudad Real con los municipios más pequeños de la provincia. Valverde, junto al diputado provincial Carlos Jesús Villajos, asistió a la procesión que recorrió las antiguas calles de Navalpino, donde la albahaca, símbolo de la celebración, perfumó el ambiente.
Valverde ha reiterado el compromiso de la Diputación no solo en términos económicos, apuntando a un significativo aumento en la aportación a Navalpino, que en lo que va de año ha superado los 350.000 euros, con una proyección de alcanzar casi 400.000 euros en 2026. Sin embargo, el presidente ha subrayado la importancia de acompañar a estos municipios en sus tradiciones y raíces culturales, más allá del apoyo financiero. «Estamos aquí para compartir lo que sienten, para ser parte de lo que los define», declaró Valverde ante los presentes.
La alcaldesa Hontanilla ha destacado esta cercanía como un factor esencial, reconociendo la inédita asistencia del presidente en un momento tan significativo para el pueblo. «Nunca antes un presidente de la Diputación nos había acompañado en este día», comentó emocionada, poniendo en valor el respaldo que la institución ha proporcionado al municipio durante la actual legislatura.
El evento también contó con momentos de especial relevancia, como la formulación de peticiones al santo patrón desde un balcón, un gesto que simboliza la comunión entre los vecinos y su fe. La procesión, que congregó a numerosos habitantes y visitantes, se convirtió en una expresión palpable de la rica herencia cultural y espiritual que une a la comunidad de Navalpino.
Así culmina una jornada festiva que, más allá de las celebraciones religiosas, pone de manifiesto la relevancia de las tradiciones locales y el papel que las instituciones deben jugar para fortalecer el tejido social y cultural de los municipios más pequeños. Una labor que Valverde se ha comprometido a seguir apoyando, reiterando su voluntad de regresar y continuar trabajando «en la construcción de una provincia mejor entre todos».
Fuente: Diputación de Ciudad Real












