
La regulación de la IA podría desatar un tsunami de despidos en empresas de tecnología y otros sectores afectados.
Mientras los titulares europeos se enredan con marcas de agua para imágenes generadas y comités de ética algorítmica, otra conversación mucho más silenciosa avanza sin testigos. Esa es la tesis que defiende Marc Vidal en su último análisis: hay dos debates paralelos sobre la inteligencia artificial y el que importa de verdad apenas se escucha. El que decide quién manda

















