Reservas de petróleo en EE. UU. alcanzan mínimos históricos, encendiendo alertas en el mercado energético y provocando preocupación

La reserva estratégica de petróleo de Estados Unidos ha perforado un suelo que no tocaba desde hace más de cuatro décadas. En la semana del 7 de agosto de 2026, según el análisis de Marc Vidal, las cifras oficiales la situaron en 298,7 millones de barriles, por debajo de los 300 millones por primera vez desde enero de 1983. Y sin embargo, el creador de Diario de Castilla-La manchaTV insiste en que el dato ha desviado la atención del problema real.

Su tesis de fondo es incómoda: la reserva nunca fue realmente un depósito, sino una promesa de caudal. Se diseñó para movilizar hasta 4,4 millones de barriles diarios durante 90 días seguidos, un estándar fijado en 1996 que no se ha revisado. Lo que importa no es el inventario publicado cada semana, sino si el grifo puede abrirse a la velocidad prometida.

El número que calma y la auditoría que incomoda

Durante meses, sostiene Vidal, el debate se libró sobre la cifra equivocada. La reserva sigue apareciendo en inventarios, los mercados la descuentan y los analistas la suman en sus modelos. Sin embargo, esa fotografía semanal convive con una infraestructura que se ha ido degradando por acumulación de decisiones razonables tomadas una a una.

En mayo, la Government Accountability Office entregó al Congreso una auditoría sobre el estado real de la instalación. El analista destaca una tabla que, según su relato, casi ningún informativo explicó: a diciembre de 2025 la capacidad efectiva de extracción estaba al 61% de su tasa de diseño, la de llenado al 56% y la de distribución al 53%. Traducido al lenguaje común: el grifo no da lo que promete el manual.

Vidal subraya que esa caída no responde a falta de crudo, sino a obras sin terminar, infraestructura vencida e inventario bajo en algunas cavernas. La consultora Rapidan Energy calculó en julio de este año que al menos 103 millones de barriles permanecen almacenados pero hoy no están disponibles para salir. Un emplazamiento en Texas figuraba con un 0% de capacidad de extracción y de llenado; otro en Luisiana quedó descartado del proyecto de modernización.

La reserva no se ha vaciado por incompetencia ni por un complot: se ha vaciado porque un número que tranquiliza le conviene a todo el mundo.

— Marc Vidal

Un colchón que solo funciona cuando hace fresco

La parte más sutil del análisis no habla de barriles desaparecidos, sino de barriles atrapados por la física. Según Marc Vidal, técnicos del propio gobierno estadounidense concluyeron que parte del crudo no puede entregarse con seguridad durante los meses cálidos por la presión de vapor. Faltan enfriadores que no están financiados, a pesar de que algunas piezas llegaron a comprarse antes de que la máquina se eliminara del presupuesto.

El comité técnico que vigila el asunto advirtió que siete de los ocho flujos de entrega de la reserva no podrían alcanzar sus tasas máximas de extracción por presión de vapor o inventario bajo. El petróleo está contabilizado, se publica y se descuenta en los precios, pero una parte no puede salir a la velocidad prometida y otra no puede salir en verano. Un colchón estacional que solo funciona con buen tiempo no es un colchón.

Quién ha cobrado mientras el seguro perdía fuerza

El reparto de ganadores y perdedores es, para Vidal, la parte más reveladora. Primer cobro: los consumidores, sin enterarse. La Agencia Internacional de la Energía acordó una liberación colectiva de 400 millones de barriles y Estados Unidos asumió una parte tras el cierre del estrecho de Ormuz. Europa y Asia disfrutaron meses de precios artificialmente contenidos, pero ese subsidio geopolítico tiene fecha de caducidad y ya se está agotando.

Segundo cobro: Irán por la puerta de atrás. El analista explica que Omán presentó a Teherán un plan respaldado por sus vecinos del Golfo para administrar el estrecho con tasas voluntarias, al estilo del de Malaca. Irán lo rechazó porque busca control y no gestión compartida, y Estados Unidos se opone a cualquier peaje. Sin embargo, durante el cierre, una autoridad iraní llegó a cobrar entre uno y dos millones de dólares por buque que transitaba por la zona. Oxford Economics calcula que un peaje de un dólar por barril generaría unos 6.800 millones de dólares al año.

Tercer cobro: las grandes petroleras. En el segundo trimestre de 2026, una de ellas terminó con 14.500 millones de dólares, unos 160 millones al día, el doble que un año antes; Chevron firmó 12.000 millones y su mejor trimestre histórico; otra registró su segundo mejor resultado desde 2022. Las tres se embolsaron conjuntamente una media de 400 millones de dólares diarios mientras el conductor pagaba la cuenta en el surtidor.

La misma pregunta para tus propias reservas

Vidal cierra su argumento con una traducción doméstica. Tú también tienes una reserva, dice, y probablemente se llama dinero parado por si acaso. La pregunta es la misma que la de la reserva petrolera: ¿estás haciendo algo con ese dinero o solo figura en tu inventario? La idea no es retórica; conecta con la lógica del colchón que solo funciona si puede utilizarse cuando de verdad se necesita.

Visto desde la redacción, el interés del caso no está solo en Louisiana. Está en cómo medimos la seguridad energética: un activo estratégico que no se prueba, no se enfría y no se moderniza deja de ser un activo. Y si las cifras que tranquilizan conviven con infraestructuras degradadas, la sensación de seguridad puede ser la parte menos fiable del sistema.

El informe de la GAO existía desde mayo, pero apenas nadie lo contó. Quizá porque rompe una historia cómoda. Si la mayor póliza de seguros energética del planeta solo puede demostrar su fuerza en invierno y con obras terminadas, conviene preguntarse qué otras reservas estamos dando por hechas.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Marc Vidal en YouTube.

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