La escritora y cuentacuentos Margarita del Mazo, ha mantenido esta tarde en el Centro Cultural Antiguo Casino un encuentro con los lectores más pequeños de las Bibliotecas Municipales de Ciudad Real, coincidiendo con el Día Internacional de los Derechos del Niño.

La escritora y cuentacuentos Margarita del Mazo, ha mantenido esta tarde en el Centro Cultural Antiguo Casino un encuentro con los lectores más pequeños de las Bibliotecas Municipales de Ciudad Real, coincidiendo con el Día Internacional de los Derechos del Niño.

“Hay que contar mucho, los niños y niñas tienen derecho a cuentos, como hoy estamos en el Día Internacional de los Derechos del Niño, ellos tiene derecho a escuchar cuentos y hay que contar cuentos”, reconocía Del Mazo, licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.

Ella comenzó a finales de los 90 a narrar historias de viva voz, y en 2009 publicó su primer libro “La máscara del león”. Desde entonces imparte talleres de narración, escritura creativa, animación a la lectura y talleres de títeres y teatro.

La cuentacuentos se mostraba feliz de volver a Ciudad Real porque “a pesar de la lluvia, esto se está poniendo calentito con muchas orejas dispuestas a escuchar”. Margarita reconocía que en sus cuentos y libros “siempre me gusta meter rimas porque eso les ayuda a seguir el enlace de muchos cuentos, y también porque a los más pequeños les permite seguir las historias que cuento a los más mayores”.

La protagonista de este encuentro comenzó contando a los pequeños lectores de las bibliotecas porqué se dedica a la escritura de cuentos, precisamente por los cuentos que le contaban a ella. Y sobre cuál es su fuente de inspiración, reconocía que “las historias están por todas partes: lo que escuchas lo que vives, lecturas que lees, películas que ves… en realidad la inspiración está por todas partes. El mundo está lleno de historias”.

Margarita del Mazo ha recibido premios como el Lazarillo o The Gelett Burgess Children’s Book Awards, entre otros, y consideraba que su trabajo “es el mejor del mundo, pero no por lo que escribo, sino porque a mí lo que me gusta es ver la interacción, sus miradas, cómo se meten en el cuento. Yo no podría vivir sin cuentos ¿Podría vivir sin escribirlos? No sé qué haría con tantas ideas en la cabeza, pero no podría vivir sin contarlos”.