La robótica de Tesla y el futuro incierto de la clase media en la era de la automatización y la inteligencia artificial

En un anuncio reciente, un robot humanoide se muestra viajando en el asiento trasero de un coche, montando un circuito de trenes en una habitación infantil y paseando con una familia por un valle montañoso. Esta pieza publicitaria, protagonizada por el robot Optimus de Tesla, ha sido objeto de análisis por parte del economista Marc Vidal, quien plantea una inquietante disyuntiva: se podría estar ante una de las más grandes operaciones de marketing de nuestra era o ante una de las más significativas reorganizaciones económicas en al menos dos siglos.

A pesar de la representación de una vida doméstica armoniosa y luminosa en el anuncio, Vidal sostiene que es crucial discernir si estamos ante una estrategia de marketing o un futuro inminente. Su respuesta es clara: el producto que se exhibe en el anuncio no está a punto de llegar a los hogares.

La promesa que aún no llega a la fábrica

Para Vidal, el anuncio no representa un producto, sino una promesa. Las imágenes de un robot paseando con una familia son generadas digitalmente, y la brecha entre la promesa y la realidad se mide en retrasos. El analista revisa los hitos incumplidos de Tesla, como la falta de entrega de 1.000 unidades de Optimus para finales de 2025, la postergación de la presentación de la tercera generación y el retraso en el arranque de producción en Fremont. Musk ha reconocido que este es el producto más difícil de escalar que han intentado, debido a su complejidad en la cadena de suministro.

Vidal destaca que, mientras Tesla enfrenta aplazamientos, otras compañías como la noruega 1X ya han comenzado a vender su humanoide doméstico, el Neo, en preventa por 20.000 dólares, aunque requiere teleoperadores humanos. El robot Unitree G1 de origen chino está disponible en España por unos 25.000 dólares. Aunque estos modelos son limitados y torpes, su existencia en el mercado representa un avance en la tecnología robótica.

El salario ha funcionado como el gran mecanismo de distribución de la riqueza; si pasamos a capital, energía, IA y robots, ese mecanismo se queda sin motor.

— Marc Vidal

La desigualdad del tiempo, una brecha silenciosa

En su análisis, Vidal propone un ejercicio que plantea un futuro hipotético en 2035. Dos familias vecinas, una con la capacidad de permitirse un humanoide y otra sin ella, experimentarían una desigualdad de tiempo. La familia con el robot podría liberar tres horas al día, lo que se traduce en más de 1.000 horas anuales que podrían utilizarse para trabajar, estudiar, emprender o cuidar de sus hijos. Esta «desigualdad del tiempo», sostiene el analista, no está siendo medida adecuadamente y contribuye a agravar la desigualdad económica tradicional.

El interés compuesto de la productividad

Vidal argumenta que esta situación no se limita a los hogares. Imaginemos dos empresas idénticas: una que paga nóminas y otra que compra 50 robots. La empresa que no puede invertir quedaría atrapada en la competencia de salarios, lo que él denomina «interés compuesto de la productividad». Este análisis se alinea con estudios que han documentado pérdidas de empleo y reducción salarial en las áreas más expuestas a la automatización robótica.

Geopolítica: las máquinas pesan más que los brazos

El análisis de Vidal se extiende a una hipotética proyección para 2040 que muestra una desproporción en la adopción de humanoides entre distintos países. Los robots no tienen necesidades humanas y podrían transformar la capacidad productiva de las naciones. Este nuevo paradigma requeriría un cambio en la forma de medir la población activa y su capacidad para generar riqueza.

Vidal considera que la carrera por los humanoides se traduce en una competencia por recursos críticos como chips y energía, y destaca la intención de Tesla de invertir 20.000 millones de dólares este año como un indicativo del compromiso con esta nueva tecnología.

La escalera rota de los países en desarrollo

El analista también plantea que, en países en desarrollo como Bangladesh, Vietnam, India, México e Indonesia, la mano de obra barata, que anteriormente representaba una ventaja competitiva, podría verse amenazada. Si los humanoides se alquilan a precios accesibles, podrían interrumpir el desarrollo económico de estas naciones.

Propiedad, suscripción y la pregunta decisiva

Finalmente, Marc Vidal plantea tres modelos sobre la posesión de humanoides: la propiedad individual, flotas para pymes y la concentración en pocas corporaciones. Cada modelo tendría un impacto profundo en la distribución de la renta y el perfil del futuro laboral.

La relación entre capital y trabajo que ha determinado la asignación de salarios y derechos podría verse profundamente alterada, dando lugar a una nueva era económica. Vidal concluye que, aunque el robot del anuncio aún no existe en su forma definitiva, los desafíos y las oportunidades que plantea están en la agenda, y son preguntas críticas que deben abordarse antes de 2035.

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