Ita Salud Mental: Enfocar la Obesidad Más Allá de la Báscula para un Bienestar Integral

El 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha que nos invita a reflexionar sobre una enfermedad que afecta a más de mil millones de personas en todo el mundo y que continúa en aumento. En países como España, casi el 19% de la población adulta vive con obesidad, un dato que evidencia la urgencia de abordar esta problemática desde una mirada integral y multidisciplinaria.

Tradicionalmente, la obesidad ha sido vista principalmente como un asunto de peso, nutrición y actividad física. Sin embargo, esta visión limitada no toma en cuenta que se trata de una enfermedad crónica multifactorial, donde influyen factores biológicos, ambientales y sociales. Además, detrás de los números y las cifras, existen historias humanas cargadas de emociones y experiencias profundas. La relación entre la salud mental y la obesidad es mucho más estrecha de lo que a veces se reconoce, y entenderla es clave para ofrecer soluciones efectivas.

Desde Ita Salud Mental queremos resaltar un aspecto fundamental que a menudo pasa desapercibido: la conexión entre las emociones y los comportamientos alimentarios. Muchas personas que luchan con el peso enfrentan sentimientos de frustración, culpa, ansiedad y baja autoestima. En momentos de malestar emocional, es frecuente que recurran a la comida como una forma de consuelo o escape, generando un círculo vicioso difícil de romper.

Por ejemplo, el Trastorno por Atracón, una alteración de la conducta alimentaria que puede afectar a diferentes edades, se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta compulsiva, sin comportamientos compensatorios y acompañados de fuertes sentimientos de culpa. Este trastorno es un indicador claro de cuán íntimamente ligados están los aspectos emocionales y psicológicos a los hábitos alimentarios.

Montse Bascuas, coordinadora de la Unidad de Trastorno por Atracón y Obesidad de Ita Diagonal, enfatiza que “la obesidad no puede abordarse solo desde una cuenta de calorías. Es fundamental incluir apoyo psicológico especializado para identificar y trabajar las emociones que subyacen a estos comportamientos.” Reconocer y gestionar las emociones negativas, diferenciar entre ingesta emocional y nutricional, y aprender a manejar el malestar sin que esto se traduzca en conductas dañinas, son pasos esenciales para un cambio duradero.

Un enfoque integrador que combina intervenciones médicas, nutricionales y terapéuticas no solo mejora la salud física, sino que también enriquece la calidad de vida y el bienestar emocional de quienes la enfrentan. Abordar las emociones vinculadas a la obesidad permite no solo modificar hábitos, sino también romper con la estigmatización y fortalecer la autoestima. Este proceso ayuda a construir una relación más saludable con el propio cuerpo y la alimentación, favoreciendo una visión más compasiva y realista de uno mismo.

En definitiva, entender que la obesidad es una problemática que trasciende lo físico y que tiene profundas raíces emocionales es clave para avanzar hacia soluciones humanas, sostenibles y respetuosas. Solo así podremos avanzar en la construcción de una sociedad más empática y saludable, que no ignore las historias de quienes sufren en silencio, atrapados en un ciclo de emociones y conductas que requieren atención y comprensión.

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