Un estudio de la geriatra del Hospital General Universitario de Ciudad Real Nuria Fernández Martínez ha puesto de manifiesto la relación entre desnutrición y fractura de cadera y cómo esta carencia de nutrientes puede afectar negativamente a la evolución y recuperación de estos pacientes e incrementa el riesgo de fallecimiento en los meses posteriores.

La fractura de cadera o de fémur es una lesión frecuente entre las personas mayores que perjudica seriamente su calidad de vida y puede llegar a ponerla en peligro, especialmente cuando está asociada a carencias nutricionales, algo que suele ser común en los ancianos.

El estudio de Nuria Fernández, titulado ‘Validación de un método de cribado nutricional como factor pronóstico de eventos adversos en ancianos con fractura de cadera’, pretendía cuantificar los mayores que habían ingresado a lo largo de un año con una cadera rota y un cuadro de desnutrición y ver como respondían en los meses siguientes a un tratamiento hiperproteico para superar sus carencias nutricionales.

Existen varios procedimientos para diagnosticar la desnutrición, pero muchos de ellos recurren a parámetros difíciles de obtener cuando se trata de personas con una cadera fracturada, como el peso o la altura, y que pueden padecer también un deterioro cognitivo que impida someterles a un cuestionario para conocer sus hábitos de vida o alimentarios.

Por tanto, la doctora Fernández recurrió a un método desarrollado por un endocrino español que determina el grado de desnutrición a partir de tres parámetros que proporciona un simple análisis de sangre, la albúmina, el colesterol y los linfocitos totales, y constató que más de la mitad de los mayores con fractura de cadera ingresados a lo largo de un año en el hospital de Ciudad Real sufrían desnutrición.

En cifras, en doce meses llegaron al centro sanitario ciudadrealeño 265 personas mayores con fractura de cadera de los que 26 se descartaron para el estudio por no cumplir los requisitos del mismo.

De los 239 evaluados, 143 -el 60 por ciento- padecían desnutrición. Se estableció un programa de seguimiento de todos ellos a los tres, seis y doce meses de su ingreso hospitalario y se les ofreció la posibilidad de someterse a un tratamiento hiperproteico para solucionar su desnutrición.

El 55 por ciento de los pacientes aceptaron recibir este aporte alimenticio extra. En la primera consulta de control al cabo de tres meses en la mayoría de ellos ya no había rastro de desnutrición y sus efectos beneficiosos se percibían en las siguientes consultas de seguimiento a pesar de que el tratamiento ya no se prescribía.

Pero lo que revela los riesgos de no romper el binomio fractura de cadera/desnutrición son los fallecimientos. En los doce meses posteriores a su rotura de cadera fallecieron 59 pacientes y sólo tres pertenecían al grupo de los que lo recibieron, los demás que siguieron bien el tratamiento sobreviven.