Las personas con diagnóstico de algún tipo de demencia, como el Alzheimer, sufren de una patología que los incapacita con deterioro cognitivo progresivo y un nivel de dependencia que aumenta a medida que avanza la edad. La vulnerabilidad puede conllevaruna situación de riesgo cuando los recursos de cuidados del paciente son deficitarios o en casos donde no hay cuidador, o éste no responde a las necesidades básicas del enfermo.

Para evitar y disminuir estas situaciones de riesgo en pacientes con Alzheimer u otras demencias, los especialistas de la Gerencia de Área Integrada de Manzanares (Ciudad Real), dependientes del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, diseñaron un protocolo que garantice la intervención coordinada entre sanitarios de ambos niveles asistenciales y servicios sociales.

La primera fase establecida por el equipo de neurólogos del Hospital ‘Virgen de Altagracia’, sanitarios de los centros de salud de la zona y profesionales de residencias de mayores, consiste en determinar si existen situaciones de riesgo agrupando los factores en dos grupos: los que se relacionan con el enfermo, y los que evalúan el entorno de cuidados.

De acuerdo al protocolo de coordinación sociosanitaria, se consideran factores de riegso que el paciente presente trastornos de conducta graves o déficit de recursos, así como la sobrecarga por parte del cuidador, la existencia de conflictos familiares o directamente que no exista dicha figura.

La metodología que da paso al circuito de atención integral es, en primer lugar el diagnóstico  clínico de la demencia, cuya evaluación corresponde al servicio de Neurología del Hospital de Manzanares con el doctor Javier Domínguez como referencia.

El siguiente paso consiste en discriminar la posible situación de riesgo en base a los parámetros marcados e iniciar si procede la intervención, así como el posterior seguimiento por parte del equipo de trabajo.

Intervención coordinada

Una vez evaluada la situación de riesgo se activa el protocolo de ayuda, de acuerdo a las necesidades.

Se establecen distintos escenarios. Casos en los que el paciente presenta trastornos conductuales graves, donde el neurólogo será el que valore la situación clínica y defina las intervenciones par su manejo. En caso de que el paciente no disponga de recursos, se informa a la trabajadora social que forma parte del equipo de intervención, de manera que se puedan tramitar las ayudas pertinentes.

Cuando la respuesta es necesaria para paliar la falta de cuidador se elaboran informes clínicos y sociales que son remitidos a Fiscalía para nombramiento de tutor. Asimismo, se recogen también aquellas circunstancias en las que aun existiendo cuidador es necesario incrementar sus habilidades para realizar cuidados específicos, o en los casos en los que el cuidador principal tenga una salud frágil o presente una sobrecarga de responsabilidades que requiera ayuda a domicilio.

Todos los casos requieren un seguimiento posterior y control por parte del equipo de coordinación encargado de la elaboración de los informes anuales de cada uno de los pacientes.