Desde la Casa Blanca, se ha dado un paso audaz para abordar lo que se considera un problema crítico en las políticas energéticas de Estados Unidos. En un contexto donde la dependencia de fuentes de energía extranjeras y costosas representa no solo un desafío económico, sino también una amenaza a la seguridad nacional, la administración ha decidido poner fin a las subvenciones que han estado distorsionando el mercado.
Bajo el reciente decreto, el gobierno federal ha determinado que los contribuyentes ya no deberían financiar proyectos de energía renovable que resulten costosos y poco fiables. La decisión se basa en la premisa de que estas fuentes, a menudo elogiadas por su carácter sostenible, no solo han desplazado a fuentes energéticas nacionales, sino que también han comprometido una infraestructura eléctrica esencial y el paisaje natural del país.
Esta orden se enfoca en la necesidad urgente de reevaluar y eliminar los subsidios relacionados con la energía eólica y solar. Se señala que la dependencia de estas tecnologías no solo afecta la economía nacional, sino que también puede alimentar cadenas de suministro que están bajo control de adversarios extranjeros, llevándolos a ser un riesgo para la soberanía estadounidense.
Además, el decreto conlleva un plan estratégico. Se establece un compromiso de actuar rápidamente en la creación de un entorno de mercado más equitativo, en el que las políticas fiscales e incentivos se ajusten para beneficiar a las fuentes de energía más confiables y accesibles. Esto implica revisar las regulaciones actuales y eliminar cualquier tratamiento preferencial que las fuentes renovables pudieran haber recibido.
Las acciones contempladas incluyen la revisión de las normas implementadas bajo el Acta «One Big Beautiful Bill», que detalla la terminación de los créditos fiscales de producción de electricidad limpia para instalaciones solares y eólicas. Esta iniciativa está respaldada por la convicción de que, al hacerlo, se promueve un marco más sólido para potenciar el crecimiento económico y garantizar la salud fiscal de la nación.
En los próximos días, los Secretarios del Tesoro y del Interior deberán presentar informes que detallen las acciones implementadas para cumplir con estas nuevas directrices. Este enfoque es parte de una estrategia mayor para asegurar un suministro energético que no solo sea sostenible, sino que también esté firme y libre de influencias externas.
Mientras tanto, el mensaje está claro: el futuro energético de Estados Unidos debe basarse en la seguridad, la confiabilidad y el control interno, priorizando la economía de los ciudadanos sobre las modas políticas pasajeras en materia de energía. La Casa Blanca se posiciona decididamente en su propósito de redefinir el panorama energético del país, buscando una independencia que no solo sea económica, sino también estratégica.
Fuente: WhiteHouse.gov