Me acuerdo de aquellos versos de Machado: “Hombres de España, ni el pasado ha muerto ni está el mañana -ni el ayer- escrito”. Me acuerdo cuando pienso en lo vivido en los últimos meses en Castilla-La Mancha en el ámbito sanitario a cuenta de la crisis del coronavirus. Y en lo que puede venir. Bien es cierto que una pandemia de estas características solo podía suponer una complicación extremadamente difícil de lidiar para cualquier gobierno en términos de gestión. Pero hablemos claro: al Gobierno de Castilla-La Mancha le pilló el toro porque no vio -o no quiso ver- lo que algunos le advertíamos ya a principios de marzo. El virus chino no era ninguna broma, y la escalada de contagios en nuestra vecina Italia era un aviso definitivo que de ninguna manera de debía obviar.

La Junta nos tachó de alarmistas y miró para otro lado, como el niño que se tapa los ojos para que por arte de magia desaparezca aquello que le aterra. El coronavirus le estalló en la cara al gobierno de Emiliano García-Page y el descontrol de brotes y contagios precipitó una situación sin precedentes. Las consecuencias las vimos y las sufrimos todos en carne propia o en la experiencia cercana de familiares y amigos. Caos en los hospitales, caos en los centros de salud, caos en las residencias de mayores. Falta de material de protección para nuestros sanitarios, falta de infraestructuras y de personal, falta de respiradores.

Castilla-La Mancha fue una de las comunidades autónomas de España con mayor índice de contagios en relación a su población y con mayor tasa de mortalidad. Pero García-Page, en su línea, echó la culpa al empedrado, esforzándose más en la búsqueda de excusas que en la búsqueda de soluciones. Probablemente en términos de rentabilidad electoralista sería interesante para mi partido dedicarse a exprimir el limón de la crítica, apelando con machacona insistencia a la falta de previsión, al desastre organizativo, a la gestión fallida de un ejecutivo absolutamente superado por las circunstancias. De un Emiliano García-Page más volcado -siguiendo el ejemplo de su jefe Pedro Sánchez- en la propaganda que en la gobernanza.

Pero Ciudadanos no vino a la política para eso. Y yo tampoco. Yo soy médico de familia y mi labor consiste en procurar el bienestar de mis vecinos. De mirar por ellos, por su salud, por su vida. Y eso pasa, en lo que a la Covid se refiere, por corregir el futuro. Sí. Corregir el futuro para evitar que se repita el desastre. Y ojo. Corregir el futuro no implica olvidar el pasado, que nadie se confunda. Llegará el momento de que el presidente de la Junta, el consejero de Sanidad y el resto de responsables del caos sanitario den explicaciones, rindan cuentas a la ciudadanía y, en su caso, asuman las debidas responsabilidades. Porque su lamentable gestión ha tenido consecuencias demasiado graves como para ser pasadas por alto. La memoria de esta diputada y del conjunto de la sociedad castellanomanchega es suficientemente consistente como para que ningún dirigente, por mucha habilidad que tenga en la propaganda política, pueda escapar de su destino.

Pero corregir el futuro pasa por sentar las bases para que no se repitan los mismos errores. El castigo es compatible con el remedio. Por eso Ciudadanos, en su labor de oposición responsable y útil a la ciudadanía, ha acordado con el grupo del PSOE y con el propio Gobierno, en el contexto del Pacto para la Reconstrucción de Castilla-La Mancha, una ley de Reserva Estratégica de Material Sanitario. El proyecto de ley fue presentado recientemente y si se cumple lo provisto la ley será aprobada en cuestión de semanas. Elaborada en colaboración con sanitarios y farmacéuticos, implica el blindaje de una partida presupuestaria de 640 millones de euros de los presupuestos autonómicos para garantizar que hospitales, centros médicos, residencias de mayores y centros sociales dispongan de material de protección suficiente ante posibles rebrotes del Covid-19 o ante otras futuras emergencias sanitarias.

Gracias a esta ley se descarta que un eventual colapso en el mercado impida a estos centros dotarse de manera adecuada, como ya ocurrió en los meses de la primera oleada del coronavirus. No volveremos a pasar la vergüenza de ver a trabajadores de residencias cubiertos con bolsas de basura o a médicos reutilizando durante días la misma mascarilla. La norma garantizará, asimismo, que las reservas de material se encuentren físicamente en Castilla-La Mancha, de modo que ningún cierre de fronteras o retención en ningún aeropuerto impida que los equipos de protección lleguen a quien los necesite. Asimismo, la ley creará los mecanismos de inspección necesarios para garantizar su cumplimiento y que tanto el material sanitario como las instalaciones en las que se almacene cumplan los debidos estándares de calidad.

En definitiva, cuando la voluntad de servicio público, la responsabilidad y el sentido de la lealtad a la ciudadanía se impone a los instintos viscerales, la política se convierte en un espacio de resolución de problemas. Claro que no podremos corregir el pasado, pues los errores cometidos por la Junta son de tal calibre que sus efectos han dejado una huella imborrable, que no será olvidada por las miles de familias de la región que han sufrido en sus carnes la desidia, el desdén y la soberbia de los responsables autonómicos, con el consejero de Sanidad al frente. Tampoco yo lo olvidaré, pues en mi centro de salud de Manzanares he sufrido la situación en primera línea de batalla. Sé de lo que hablo. Y me ahorro explicarles lo que sentí escuchando en repetidas ocasiones al presidente de Castilla-La Mancha quitar hierro a la situación, en un ejercicio de cinismo que yo jamás había visto.

Pero ante la imposibilidad lamentable de corregir el pasado, de volver el tiempo atrás, de evitar lo que ya es inevitable, el desastre que quedará siempre marcado en nuestra memoria, la posibilidad de corregir el futuro, en la previsión de que la amenaza del Covid sigue viva. No podemos permitir un nueva crisis del sistema sanitario. Hemos tomado cartas en el asunto como única oposición responsable toda vez que ha quedado en evidencia la incapacidad de la Junta para gestionar por sí sola nada que no sea su propio aparato de propaganda. Por el bien de todos hemos obrado con responsabilidad, lealtad y altura institucional. Siguiendo el mandato de una amplia mayoría de la sociedad que demanda de sus representantes políticos más unión y menos enfrentamiento estéril. Más soluciones y menos vetos. Porque la crítica, por feroz que sea, puede y debe ir siempre acompañada de alternativas para, a falta de corregir el pasado, corregir el futuro, que no es poco.