El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha publicado este 23 de abril, Día Internacional del Libro, un artículo en el portal de la Junta en el que reivindica la lectura como antídoto frente a la dispersión digital. La idea que vertebra el texto cabe en una sola frase: «un libro no es un contacto, es un trato». Una columna que llega en la jornada en la que la región se vuelca con bibliotecas, ferias y colegios para celebrar la efeméride.
El argumento del presidente regional juega con un contraste muy actual. Vivimos pegados a la pantalla, dice, conectados a noticias, mensajes y discusiones que nos rozan pero rara vez nos quedan dentro. Frente a esa avalancha, propone otra cosa: sentarse, callar, leer. Algo que él mismo describe como «uno de los pocos gestos de nuestra época que desobedecen a la prisa».
Una columna contra el ruido
El texto, escrito en primera persona y con vocación de ensayo breve, evita la efeméride blanda. Page no se limita a felicitar a libreros y autores: se mete a fondo con la idea de que leer obliga a una disposición distinta. Habla de «concentración en medio de la dispersión», de «silencio en medio del ruido» y de «continuidad en medio de la fragmentación». Tres ideas que sirven, casi sin querer, como diagnóstico de la conversación pública.
El presidente sostiene que un libro no se consume, se trata. Y que ese trato exige tiempo, atención y respeto por una conciencia ajena. Por eso, según escribe, leer no es solo informarse o entretenerse: es «entrar en relación» con quien escribió, con quienes leyeron antes y con uno mismo. Una idea que conecta con la tradición humanista pero también con un debate muy de hoy sobre la salud mental, la atención y el modo en que las redes sociales fragmentan el pensamiento.
Lectura y democracia
Hay un giro político en la columna que no conviene pasar por alto. García-Page describe los libros como una «escuela de democracia íntima». Quien lee con frecuencia, escribe, se acostumbra a la complejidad, a los matices y a sospechar de las certezas demasiado ruidosas. Una crítica implícita al lenguaje de la trinchera, al eslogan, al exabrupto. En sus palabras, comprender no es reducir y conversar no es derrotar al otro.
El presidente regional traslada esa misma idea al plano colectivo. Una sociedad que cuida sus libros, sus bibliotecas, sus librerías y sus clubes de lectura, sostiene, está cuidando algo más profundo: sus posibilidades de hablar consigo misma. «Allí donde hay libros circulando, prestándose, recomendándose, subrayándose, comentándose, hay algo más que cultura: hay comunidad», escribe. Una reivindicación nada menor en un contexto en el que muchas pequeñas librerías y bibliotecas municipales luchan por mantener la actividad.
El cierre: un trato duradero
El artículo cierra con una serie de antítesis que resumen su propuesta. Frente al contacto fugaz, un trato duradero. Frente a la rapidez, una pausa. Frente al ruido, una voz. Frente a la dispersión, una forma de presencia. La invitación final es a celebrar el libro «no solo como objeto cultural, sino como una de las formas más hondas de la relación humana». Y a pensar también, dice, en quienes los escriben, los traducen, los ilustran, los imprimen, los recomiendan o los enseñan.
En Castilla-La Mancha, la jornada del 23 de abril se ha vivido este año con la habitual programación de bibliotecas públicas, lecturas en centros escolares y actividades en ferias del libro de varias localidades. Una agenda que la columna del presidente refuerza con una idea sencilla pero exigente: que la cuestión no es solo cuánto leemos, sino cómo y para qué.
Preguntas frecuentes
¿Quién firma el artículo?
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha publicado el texto en el portal oficial de la Junta de Comunidades con motivo del Día Internacional del Libro.
¿Cuál es la idea central de la columna?
Que un libro no se reduce a un contacto digital fugaz, sino que exige un trato sostenido en el tiempo, con atención, silencio y respeto por una voz ajena.
¿Por qué se celebra el 23 de abril el Día del Libro?
La UNESCO lo instauró en 1995 para promover la lectura, la edición y la protección de la propiedad intelectual, en una fecha cargada de simbolismo literario por coincidir con la muerte de varios escritores universales.

















