Hoy, Día de la Enseñanza en Castilla-La Mancha, es un día para felicitar a todos los profesionales que están arrimando el hombro a diario para levantar la educación pública, la de todos y todas.

Para STE-CLM es el curso más atípico que seguro nos ha tocado vivir a todos y todas. En medio de la segunda ola de esta pandemia, y aunque el virus ya no nos pilla de nuevas, todavía seguimos, a día de hoy, con el miedo en el cuerpo y la incertidumbre de no saber si volveremos a un nuevo confinamiento o no.

Si algo hemos sacado en claro de los meses confinados en casa, es que NADA puede sustituir la educación presencial, especialmente en cursos bajos. Nunca una pantalla podrá transmitir los conocimientos y valores que aporta un centro educativo, más allá de transmitir la “Tabla del 7”. Nuestros niños y niñas necesitan socializar para aprender, y nosotros, como docentes, necesitamos sentir el feedback que su presencia en el aula nos aporta. Esto ha hecho que volver al aula sea una necesidad y conseguir las mejores condiciones sanitarias de seguridad una prioridad.

Durante el confinamiento, los y las docentes hicieron jornadas maratonianas para impartir la materia como bien podían, utilizando los propios medios tecnológicos, corrigiendo por las tardes y noches, respondiendo emails y llamadas a todas horas, aprendiendo nuevas formas de evaluar y presentar los contenidos y tareas, manejando una burocracia nueva y exagerada (aumentando el estrés ya disparado), aprendiendo a manejar plataformas de trabajo online en cuestión de días, utilizando las ya existentes que se quedaban obsoletas, pendientes de aquellos alumnos/as que no se podían conectar y quedaban fuera del sistema,… Todo ello, en muchos casos, atendiendo, además, a sus propios hijos e hijas en casa y atendiendo las tareas del hogar.

Tras un verano en el que los equipos directivos, lejos de “irse de vacaciones”, como predijo algún político cercano (por cierto, todavía está pendiente que pida disculpas al profesorado por sus desafortunadas declaraciones en marzo), han trabajado sin descanso para medir y recolocar las aulas, señalizando itinerarios, acotando zonas, tirando tabiques si ha hecho falta, sintiéndose, en muchos casos, “solos ante el peligro”, a la hora de confeccionar unos Planes de Contingencia para los que solo recibieron unas instrucciones vagas, llena de ambigüedades…

La educación presencial sigue adelante, a pesar de que en los grupos estables de convivencia, la “burbuja” se rompa cada día y a pesar de que no se hacen todas las PCR que se deberían hacer o que muchas veces no llegamos a comprender porqué, ante circunstancias similares, se toman decisiones distintas con respecto a confinar un aula o no…

Y no querenmos olvidarnos, en un día como hoy, de los y las docentes que han perdido sus vidas este año, por el virus o por otras causas, dándolo todo por el bien de su alumnado y de la enseñanza pública.

En definitiva, la educación sigue adelante, porque el profesorado de nuestra región está haciendo un ejercicio de responsabilidad cada día por el que es capaz de superar sus miedos a un virus tan letal, para garantizar el derecho de nuestros niños y niñas a poder llevar una vida lo más normalizada posible.