En un contexto de crecientes tensiones transatlánticas, Donald Trump ha admitido en una misiva al primer ministro noruego que ya no se siente obligado a actuar como garante de la paz mundial, una declaración que se enmarca en su frustración por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz. Su mensaje trasciende lo simbólico y pone de manifiesto una postura más agresiva en política exterior, especialmente con respecto a Groenlandia, un territorio autónomo bajo la soberanía de Dinamarca. Trump cuestiona la capacidad europea de proteger la isla de amenazas externas, justificando así su deseo de un control estadounidense sobre la región.
La reacción de la Unión Europea no se ha hecho esperar. Al enfrentar la amenaza de aranceles progresivos por parte de Trump, los líderes europeos han comenzado a coordinar una respuesta común, considerando medidas que podrían incluir la imposición de aranceles a importaciones estadounidenses por hasta 93.000 millones de euros. Este ambiente tenso también ha inquietado a los mercados, que han reaccionado a la posibilidad de una nueva guerra comercial con caídas en las acciones y un debilitamiento del dólar.
El primer ministro británico ha hecho un llamado al diálogo, enfatizando que un conflicto arancelario no beneficiará a nadie, mientras que otros líderes europeos han manifestado su rechazo a cualquier forma de chantaje. Este episodio grave no solo afecta a Groenlandia, sino que también introduce un nuevo nivel de incertidumbre en el equilibrio internacional y plantea serios desafíos a las alianzas tradicionales en un contexto ya de por sí inestable.
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