En medio de una creciente tensión por las protestas en Irán, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que «las muertes en Irán han parado» y que no se prevén ejecuciones de manifestantes, a pesar de que la ONG Iran Human Rights (IHRNGO) reporta más de 3.400 muertos desde el inicio de las protestas. Estas afirmaciones fueron realizadas durante una conferencia de prensa desde el Despacho Oval, donde Trump aseguró que se investigará la veracidad de la información que señala el alto número de víctimas en el país persa.
Sin embargo, mientras Trump habla de una aparente calma, el caso de Erfan Soltani, un joven iraní condenado a muerte, plantea serias dudas sobre la situación real en Irán. Este hecho resalta la crisis humanitaria que se desarrolla en el país, donde la represión contra los manifestantes sigue siendo una preocupación alarmante. La noticia de su inminente ejecución se suma a las múltiples alertas de organizaciones de derechos humanos que advierten sobre la brutalidad del régimen iraní.
El clima político en Estados Unidos reflejó también esta inquietud; el vicepresidente JD Vance presidió una reunión del Consejo de Seguridad Nacional para evaluar opciones respecto a Irán, que incluían la posibilidad de un ataque militar, mientras que Trump ya ha comenzado a implementar medidas económicas, imponiendo un arancel del 25% a las importaciones de naciones que comercien con Irán y suspendiendo encuentros con representantes de ese país hasta que se detenga la represión contra los manifestantes.
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