La decisión del presidente Donald J. Trump de retirar a los Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales representa un cambio significativo en la política exterior estadounidense. Esta medida, anunciada a través de un Memorándum Presidencial, busca hacer hincapié en una nueva visión que prioriza los intereses nacionales sobre las agendas globales.
La revisión de la participación de EE. UU. en organismos internacionales fue una tarea marcada por la administración, llevando a la conclusión de que muchas de estas asociaciones no estaban alineadas con las metas y valores estadounidenses. En total, se ordenará a los departamentos y agencias ejecutivas detener la participación y el financiamiento de 35 organizaciones no pertenecientes a las Naciones Unidas, así como de 31 entidades de la ONU que, según el gobierno, operan en detrimento de los intereses nacionales.
Las críticas hacia estas organizaciones se centran en su promoción de políticas que, en opinión de Trump, pueden dañar la soberanía estadounidense y malgastar el dinero de los contribuyentes. Se argumenta que estos cuerpos a menudo abogan por propuestas que favorecen una gobernanza global o promueven agendas ideológicas en conflicto con los intereses de EE. UU., incluyendo políticas ambientales consideradas como «radicales».
Desde el inicio de su administración, Trump ha buscado borrar lo que percibe como injerencias en la soberanía estadounidense. Notablemente, su decisión de retirarse de la Organización Mundial de la Salud y del Acuerdo de París está en línea con su enfoque en priorizar los intereses internos. Estos movimientos han generado debate y reacciones encontradas; algunos ven la estrategia como una forma de proteger la economía estadounidense y reducir gastos innecesarios, mientras que otros critican el potencial aislamiento de EE. UU. en el escenario internacional.
El nuevo enfoque procura redirigir los recursos federales hacia prioridades domésticas como la infraestructura, la preparación militar y la seguridad fronteriza, en un intento por asegurar que el dinero de los contribuyentes se utilice de manera más eficiente. En un contexto donde la integridad nacional y la soberanía son pilares del discurso de Trump, esta retirada de organizaciones internacionales no solo resalta su agenda política, sino que también plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones internacionales de EE. UU.
La decisión de Trump reitera su compromiso con la doctrina de «América Primero», un lema que ha definido gran parte de su política y que busca garantizar que cualquier involucramiento internacional beneficie primero a los estadounidenses. La movida ha dejado claro que la administración actual está dispuesta a cuestionar y, en algunos casos, rechazar las convenciones existentes en un mundo cada vez más interconectado. A medida que la administración continúa remodelando la política exterior, el impacto de estos cambios resonará no solo en la nación, sino también en las interacciones globales futuras.
Fuente: WhiteHouse.gov

















