Este domingo, un tenso incidente ocurrió en Bnei Brak, cerca de Tel Aviv, cuando dos mujeres del Ejército israelí fueron acosadas por una multitud de hombres ultraortodoxos. Las soldados, que estaban de visita en la ciudad de mayoría haredí, se vieron obligadas a buscar refugio cuando varios alborotadores se abalanzaron sobre ellas con actitudes agresivas. La intervención rápida de la Policía permitió su evacuación, pero no sin antes desencadenar disturbios en los que se volcaron contenedores, se incendiaron vehículos y se registraron actos de violencia contra los agentes de seguridad.
La respuesta a este ataque ha sido contundente y ha generado un amplio rechazo a lo largo del espectro político. El primer ministro Benjamin Netanyahu y otros funcionarios de alto rango han condenado el agresor como una «minoría extremista» que no representa al conjunto de la comunidad haredí. El Estado Mayor del Ejército calificó la agresión como un grave acto que debe ser tratado con seriedad y prometió que quienes participaron en estos disturbios enfrentarán las consecuencias legales correspondientes.
El contexto de este ataque está marcado por la creciente tensión entre el Gobierno israelí y la comunidad ultraortodoxa, especialmente en relación con una propuesta de ley que busca obligar a todos los hombres a servir en el Ejército, un tema que ha provocado resistencia considerable por parte de los sectores más conservadores. La inclusión de mujeres en este reclutamiento genera rechazo entre algunos grupos haredíes, lo que ensombrece aún más la situación actual.
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