Tailandia y Camboya han acordado un alto el fuego inmediato para finalizar los violentos enfrentamientos que han marcado su frontera desde el 7 de diciembre, dejando un saldo devastador de casi un centenar de vidas perdidas y cerca de 700.000 personas desplazadas. Este acuerdo, anunciado por el gobierno camboyano, establece un cese de hostilidades que incluye la prohibición de ataques contra civiles y la infraestructura en ambos lados de la frontera de aproximadamente 820 kilómetros.
Ambos países se han comprometido a evitar provocaciones, como el movimiento de tropas en zonas en disputa, y a facilitar un retorno seguro para quienes han sido desplazados. Además, el pacto incluye la discusión de la demarcación fronteriza a través de mecanismos bilaterales, una cuestión que ha provocado tensiones en el pasado y que Camboya ha llevado ante organismos internacionales. También se prevé la cooperación en la retirada de minas antipersona, mientras que se asegura que el número de efectivos militares no aumentará en la línea fronteriza.
El suscrito acuerdo, que se basa en el “espíritu” de un pacto de paz previo mediado por Estados Unidos, fue firmado por los ministros de Defensa de ambos países y contempla la supervisión de observadores de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) para asegurar el cumplimiento de lo acordado. Mientras tanto, las cifras de víctimas siguen actualizándose, indicando un profundo impacto humanitario en la región.
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