Ni el volcán de La Palma, ni ómicron, ni la crisis migratoria y climática. Tampoco los Juegos Olímpicos, el Benidorm Fest o El juego del calamar. Ningún evento extraordinario ha permitido dejar de lado la salud la mujer este 2021 en The Conversation. Aunque las investigaciones que velan por alcanzar su bienestar y garantizar sus derechos están en auge, no podíamos dejar de recordar las carencias que todavía existen en torno al conocimiento de su salud.

Investigación en femenino

A lo largo de la historia, la investigación médica ha mirado a las mujeres como si fueran hombres. El efecto de los estereotipos sexistas ha provocado que los estudios científicos muestren una infrarrepresentación de las mujeres en sus diseños e interpretaciones. Ni siquiera encontramos más referencias de ellas para investigaciones focalizadas en enfermedades que suelen ser superiores en mujeres. Eso es lo que sucede con las enfermedades raras, según expusieron Emilia Moreno y Francisco Javier Gago, investigadores de la Universidad de Huelva.

Tampoco para enfermedades específicas que afectan principalmente a su salud, como la adenomiosis o la endometriosis, dos enfermedades que, como ha expuesto Francisco Carmona, de la Universidad de Barcelona, han llegado a los laboratorios de manera muy tardía, de manera que las mujeres no suelen ser tratadas convenientemente. Él mismo nos desvela que la estimación de su incidencia alcanza a entre un 20 y un 35 % de mujeres.

Pero la inclusión de las mujeres en la evidencia científica ya está en marcha. Así, por ejemplo, para el fútbol femenino, Agustí Comella, Joan Casas y Silvia Alonso, de la Universidad de Vic – Universitat Central de Catalunya intentan determinar el riesgo de lesiones que estas experimentan en el campo. Hasta ahora, la mayoría de las recomendaciones científicas para el juego femenino se basaban en investigaciones realizadas en hombres.

Salud psicológica y excesiva medicalización

En el plano de la salud psicológica, la socialización de género femenina se asocia con una mayor prevalencia de problemas como la ansiedad, la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria, unidos a un marcado deterioro de la autoestima.

Tal y como explican Bárbara Luque, Carmen Tabernero, Nazima Farhane y Rosario Castillo-Mayén, de la Universidad de Córdoba y la Universidad de Salamanca, estos sesgos derivan en un una mayor medicalización de las mujeres, a menudo innecesaria, porque la investigación médica ha ignorado sus enfermedades específicas.

Esta ha sido una de las razones que también han fomentado el auge de los partos libres, según la investigadora Eloísa Fernández, de la Universidad de Málaga, que ha dado voz a este asunto en la plataforma. Las embarazadas perciben el proceso como una experiencia vital fisiológica y empoderante que debe ser vivida en plenitud. Además, los ampliamente descritos episodios de violencia obstétrica también han puesto en alza este tipo de nacimientos.

Aunque es contraproducente responsabilizar a los profesionales que asisten los partos, en The Conversation hemos profundizado en ello para recordar que es urgente sensibilizar, formar y dotar de recursos al sistema sanitario para prestar una atención basada en la evidencia científica disponible.

Pues no se trata de preocuparse solamente por la mortalidad maternal o neonatal, sino de garantizar la satisfacción de la mujer durante el proceso. Así lo han relatado los expertos Antonio Hernández, Juan Miguel Martínez y Julián Rodríguez, de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Educación sexual en el camino a la igualdad

Los tabúes en torno al cuerpo de las mujeres todavía continúan ocultos en los hogares, en los centros educativos e, incluso, en muchas consultas médicas. De hecho, Sonia Anglès y Camil Castelo-Blanco, de la Universidad de Barcelona, aseguraban que solamente el 40 % del personal de ginecología y obstetricia evalúa la sexualidad y pregunta por la existencia de problemas sexuales.

Todavía es menor el porcentaje de profesionales que preguntan sobre satisfacción sexual (28,5 %), orientación o identidad sexual (27,7 %) o el placer experimentado por esta práctica (13,8 %). Y sin embargo, muchas patologías y sus correspondientes tratamientos tienen consecuencias negativas en la vida sexual de las mujeres.

Entonces ¿cómo podemos dotar a las mujeres de estas herramientas? La educación sexual es clave en el trayecto hacia la igualdad. De hecho, todos los textos publicados en la plataforma sobre la salud de la mujer han dejado pinceladas de la importancia de la formación para revertir el problema.

Concretamente, lo ha comprobado Ruth Rodríguez, de la Universidad de Barcelona, en relación con el cáncer de mama, el tumor femenino más frecuente. Su diagnóstico precoz es fundamental para poder curarlo. Podría disminuir su incidencia si, por ejemplo, las mujeres supiesen hacer una autoexploración mamaria y acudir a su centro de salud tras detectar anomalías en los senos. Sin embargo, la información preventiva todavía escasea en contra de sus derechos.

Mujeres de todo el mundo y de todas las edades

La discriminación en salud por razones de género también ha quedado reflejada durante la pandemia. Especialmente al principio, las mujeres presentaban una mayor prevalencia de covid-19. Carmen Pérez de Arenaza, Gloria Fernández-Mayoralas y Vicente Rodríguez, del CSIC, plantean que dos de los aspectos que podrían vertebrar tales datos serían la feminización de los cuidados y de la vejez, pues las residencias y las responsables de sus cuidados son, en su mayoría, mujeres.

Por último, debemos poner énfasis en la mutilación genital femenina, una forma de violencia extrema contra los derechos de salud sexual y reproductiva de niñas y mujeres por cuanto niega el derecho al placer y a la integridad de su propio cuerpo. Como tal, no solo continúa practicándose todavía en países en desarrollo, sino también en Europa.

Es momento de conceder espacio a los conceptos de perspectiva y sensibilidad de género también en investigación médica y clínica. Es hora conseguir un sistema de salud más real e igualitario, en el que aumente la supervivencia de las mujeres y, sobre todo, su bienestar físico y mental. Y un año más, en The Conversation queremos dejar constancia de ello.

The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el original aquí.