Rusia reaviva la amenaza nuclear y denuncia a Francia y Reino Unido por supuesta cesión de armas atómicas a Ucrania

A cuatro años del estallido de la invasión rusa a Ucrania, Moscú ha reconocido que sus objetivos militares no se han alcanzado, un giro que resalta el estancamiento del conflicto. Inicialmente pronosticada como una guerra de solo tres días, la confrontación ha demostrado ser un laberinto tanto en el campo de batalla como en las negociaciones, donde la presión estadounidense por un acuerdo sigue sin satisfacer a Kiev ni a Moscú.

Este nuevo escenario ha llevado a Estados Unidos a cambiar radicalmente su enfoque, pasando de ser un firme aliado de Ucrania a buscar un acercamiento con Rusia para su reintegración en la comunidad internacional. Como resultado, el liderazgo europeo ha emergido con renovada fuerza en términos de apoyo militar a Ucrania y ha comenzado a explorar la posibilidad de desarrollar su propia capacidad de disuasión nuclear. Líderes como el canciller alemán y el presidente francés han iniciado conversaciones sobre este tema, acentuando la necesidad de mejorar la seguridad europea en un mundo cada vez más inestable.

Paralelamente, Rusia intensifica su narrativa sobre la posibilidad de que Ucrania adquiera armamento nuclear, acusando a Francia y el Reino Unido de estar tras supuestas transferencias clandestinas. Aunque estas afirmaciones carecen de evidencia, encarnan el desesperado intento de Moscú por justificar su intervención y evocar temores de escalada nuclear en medio de un conflicto que no muestra signos de resolución.

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