La embajada de Estados Unidos en Kiev lanzó una alerta a sus ciudadanos, aconsejándoles que busquen refugio en caso de un ataque aéreo inminente, y este aviso se vio justificado con un ataque nocturno llevado a cabo por Rusia que utilizó el misil hipersónico Oreshnik para atacar instalaciones energéticas en la región de Lviv. Este tipo de ataque, que se enmarca en la estrategia rusa de debilitar la infraestructura civil ucraniana, buscaba hacer sentir el peso del invierno ucraniano, cuando se espera que las temperaturas caigan hasta -15ºC. La ofensiva incluyó más de 200 drones y varios misiles, resaltando la intensidad y el alcance de la amenaza.
El Oreshnik es considerado un arma de alta tecnología, capaz de alcanzar velocidades de hasta diez veces la del sonido, lo que lo convierte en un elemento de gran preocupación para las defensas antiaéreas de Ucrania, que apenas pueden detectarlo antes de que cause estragos. Con un alcance que puede cubrir hasta 5,000 km y la capacidad de llevar ojivas nucleares, el Oreshnik es visto no solo como un misil, sino como un claro mensaje de Rusia sobre su capacidad militar y su disposición a utilizarla en defensa de sus intereses en la región. La elección de atacar Lviv, cerca de la frontera con Polonia, enfatiza el carácter estratégico del golpe.
Este ataque tiene lugar en un contexto en el que Europa, con el respaldo de potencias como Francia y el Reino Unido, planea desplegar más tropas en Ucrania en respuesta a la situación de seguridad. Rusia, al responder a este despliegue con la demostración de su arsenal hipersónico, no solo busca intimidar a las fuerzas ucranianas, sino también a las capitales occidentales, mostrando que está dispuesta a elevar el nivel de la contienda militar. Este acto, aunque cargado de simbolismo, destaca las preocupaciones sobre la escalada del conflicto y el impacto en la estabilidad del continente.
Artículo resumido que puedes leer completo aquí















