El 4 de marzo, un torpedo lanzado por un submarino estadounidense hundió el buque iraní IRIS Dena mientras se encontraba en aguas internacionales cerca de Sri Lanka, dejando un trágico saldo de al menos 87 muertos entre sus 130 tripulantes. Esta acción se produjo solo dos días después del inicio de la «Operación Furia Épica», una ofensiva militar que ha generado gran controversia. A pesar de las afirmaciones del secretario de Defensa estadounidense, quien describió el ataque como un logro militar sin precedentes, los detalles sugieren que el contexto era mucho más complejo.
El IRIS Dena participó recientemente en maniobras navales en las que se prohibía porta municiones, lo que implicaba que el barco carecía de capacidad defensiva durante su regreso a base. A raíz del ataque, la Marina de Sri Lanka realizó esfuerzos de rescate, localizando a 32 sobrevivientes en medio de un mar solitario, mientras otros 11 marineros siguen desaparecidos. Las críticas hacia Estados Unidos no se han hecho esperar, con Irán acusando a la Marina estadounidense de perpetrar una «atrocidad en el mar», y cuestionando la legitimidad del ataque a un buque que, según los protocolos, no debía estar armado.
La situación ha llevado al exsecretario de Asuntos Exteriores de India a subrayar que la fragata iraní estaba en la zona por invitación de Nueva Delhi, lo que pone en entredicho la respuesta del gobierno indio. La oposición ha criticado la falta de declaraciones oficiales sobre el suceso, sugiriendo que el silencio del primer ministro Narendra Modi ante un ataque que hundió un buque de guerra en aguas indianas es inaceptable, y urgido a que se emita un mensaje de condolencia por las vidas perdidas.
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