Ali Ansari, un magnate iraní bajo el escrutinio internacional por vínculos con la Guardia Revolucionaria Islámica, ha acumulado una notable cartera de propiedades en Europa, que incluye, según el diario Financial Times, un lujoso complejo de golf y hotel en Mallorca. Este empresario, quien se encuentra bajo sanciones en el Reino Unido por presuntamente financiar actividades hostiles, ha visto sus activos en Londres, valorados en más de 150 millones de libras, congelados por las autoridades británicas.
La estructura financiera de Ansari es compleja, con una red de empresas offshore que se extiende a varios países europeos, incluido un notable patrimonio inmobiliario en Alemania y Austria. Entre sus bienes se destacan dos hoteles de lujo en Frankfurt y una estación de esquí en los Alpes. A pesar de su pasaporte chipriota que lo pueda proteger de sanciones europeas por el momento, su riqueza en propiedades es un ejemplo de cómo algunos magnates iraníes, próximos al régimen, logran mantenerse activos en economías occidentales.
La reciente caída de su banco, Ayandeh, ha contribuido a un clima de descontento social en Irán, caracterizado por protestas masivas y una severa represión del gobierno. Mientras la población enfrenta un aumento alarmante de precios y un deterioro en sus condiciones de vida, la situación económica ha alimentado la frustración entre diversos sectores. La respuesta del régimen ha sido violenta, con miles de víctimas en un episodio que recuerda los momentos más oscuros de la historia reciente del país.
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