El Gobierno de Benjamin Netanyahu reafirma su compromiso con la expansión israelí en Palestina, evidenciado por la reciente declaración de sus ministros de Finanzas y Defensa, quienes anunciaron un plan destinado a «matar cualquier idea de un Estado palestino». Este plan propone la expansión de asentamientos en Cisjordania a través de la compra de tierras administradas por la Autoridad Palestina y la reducción de la presencia palestina a las ciudades, mientras miembros de milicias protegen a los colonos durante desalojos forzados.
Bajo el argumento de profundizar las raíces judías en la región, el gabinete israelí busca reconfigurar el mapa de Cisjordania, lo que contradice las resoluciones de la ONU sobre la solución de dos Estados. A pesar de la condena internacional, incluido el rechazo de Estados Unidos y varios países árabes, el gobierno israelí continúa con su agresiva política de asentamientos, erosionando aún más las perspectivas de paz y sumergiendo a la región en una nueva crisis.
Las medidas recientemente implementadas, que incluyen la transferencia de autoridad sobre permisos de construcción a Israel en áreas clave de Cisjordania, marcan un descenso significativo de los derechos palestinos. Críticas dentro de Israel plantean preocupaciones sobre la seguridad y el impacto potencial en la estabilidad regional, mientras que las acciones del gobierno de Netanyahu alimentan un ciclo de violencia y tensión que parece no tener fin, dejando a los palestinos atrapados en un sistema cada vez más opresivo y restrictivo.
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