Estados Unidos ha emergido como un suministrador crucial de combustibles fósiles para la Unión Europea, con su participación en el suministro de gas natural aumentando de menos del 6% en 2021 a más del 26% en 2025. Este cambio se aceleró tras la invasión rusa de Ucrania, lo que llevó a la UE a buscar urgentemente alternativas a la dependencia del gas ruso. Las decisiones tanto de los Estados miembros como de las empresas energéticas se han alineado, formando contratos a largo plazo con proveedores estadounidenses, además de un acuerdo político entre la presidenta de la Comisión Europea y el presidente Biden.
A pesar de la creciente dependencia de los combustibles fósiles estadounidenses, los líderes europeos destacan que la situación no es alarmante. Aún se cuenta con una cartera más diversificada de fuentes de suministro que en el pasado, incluyendo alternativas de países como Argelia y Nigeria. También se señala que el riesgo de que Estados Unidos interrumpa sus suministros por razones políticas es bajo, dado que los contratos son gestionados principalmente entre empresas privadas. Sin embargo, algunos expertos advierten que la dependencia podría aumentar, lo que sugiere que se deben implementar medidas para diversificar aún más las fuentes de energía.
Para garantizar una seguridad energética sostenible, la UE debe priorizar la diversificación de proveedores y continuar invirtiendo en energías renovables y eficiencia energética. Estas acciones no solo reducirán las vulnerabilidades geopolíticas, sino que también permitirán a Europa avanzar hacia una mayor independencia energética, mitigando los riesgos asociados con una dependencia excesiva de un único país proveedor. La transición hacia energías más limpias debe ser una de las claves de la estrategia energética europea en los próximos años, asegurando que el continente esté preparado frente a posibles turbulencias en el mercado global.
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