La reciente reunión entre Donald Trump y Volodímir Zelenski en el Foro Económico de Davos ha reavivado las complejas dinámicas geopolíticas entre Estados Unidos, Ucrania y Rusia. Aquel encuentro, el primero desde diciembre, se produce en un contexto en el que Vladímir Putin parece seguir manipulando la conversación desde lejos. Con el trasfondo de su histórica relación como exagente de la KGB, Putin ha recurrido a tácticas de diplomacia que han permitido influir en las intervenciones y decisiones de sus interlocutores. En este sentido, su oferta de ceder 1.000 millones de dólares de activos congelados para el nuevo Consejo de Paz que impulsa Trump es una jugada audaz que, aunque no le otorga grandes beneficios estratégicos, le permite mantener una voz en la escena internacional.
En su intervención en Davos, Zelenski no dudó en criticar a Europa por lo que percibe como una falta de iniciativa y respuesta ante la agresión rusa. La falta de contundencia por parte del bloque europeo ha abierto la puerta a que Putin avance sus intereses, lo que ha llevado al líder ucraniano a lamentar que «Putin logró frenar a Europa». Esto se complementa con el enfoque de Trump sobre la reconstrucción de Ucrania a través de fondos que, según su propuesta de paz, estarían bajo control estadounidense, generando una fricción con los aliados europeos que temen el avance de la influencia rusa en la región.
Mientras el conflicto en Ucrania continúa siendo un tema central, la tensión entre Estados Unidos y sus socios europeos se hace palpable. Las declaraciones de líderes europeos en Davos han puesto de relieve un cambio en las alianzas tradicionales, lo cual podría favorecer aún más a Putin. En un escenario donde los intereses de Trump parecen estar más en el foco de la discusión que la solución del conflicto, muchos analistas advierten sobre las implicaciones que este nuevo marco podría tener para la estabilidad en Europa y la relevancia de la OTAN en el futuro.
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