La situación en Irán se ha vuelto cada vez más crítica, con múltiples organizaciones no gubernamentales advirtiendo sobre la represión que han sufrido las protestas, dejando un saldo de «cientos» de muertos. La falta de acceso a Internet ha dificultado la difusión de información, pero los informes de familiares de víctimas y denuncias de ONGs han revelado que las morgues están saturadas con cuerpos, principalmente de jóvenes de entre 18 y 22 años que han muerto por disparos a corta distancia.
La violencia se intensificó el pasado jueves, conocido como el «día de máxima tensión», donde se documentaron numerosas manifestaciones en casi todas las provincias del país. Aunque el régimen ha impuesto un bloqueo en Internet y restringido la comunicación, la agencia Human Rights Activists News Agency reportó al menos 116 muertes confirmadas hasta ahora. Entre las víctimas se encuentra Rubina Aminian, una estudiante de 23 años, cuyo caso ha resonado entre aquellos que han perdido a seres queridos en este contexto de crisis.
Mientras las protestas continúan, la retórica del Gobierno se ha vuelto más agresiva, acusando a potencias extranjeras como Estados Unidos de intervenir y desestabilizar el país. A pesar de las advertencias internacionales sobre la represión, el Ejército iraní se ha declarado listo para enfrentar cualquier «complot» y ha arrestado a supuestos líderes de manifestantes, a medida que los ciudadanos demandan cambios frente a un régimen que se resiste a escuchar sus voces.
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