El conflicto entre Rusia y Ucrania se encuentra en un punto crítico marcado por fracasos significativos del Kremlin, que ha intentado establecer un acuerdo de paz a través de presiones diplomáticas y tácticas bélicas. Este jueves culminó el plazo dado por Donald Trump a Volodímir Zelenski para llegar a un pacto, revelando la debilidad de las posiciones rusas y la incapacidad de Vladimir Putin para obtener una victoria contundente sobre Kiev. En el frente, las fuerzas rusas han sufrido grandes pérdidas sin lograr avances significativos, mientras que las estrategias de Moscú se enfrentan también a una creciente resistencia en el ámbito internacional.
La respuesta ucraniana ha sido adaptativa, fortaleciendo sus alianzas militares con Europa y desarrollando una industria defensiva que produce armamento crítico. Zelenski, consciente de la complejidad del escenario, ha mostrado una diplomacia cautelosa al interactuar con Trump, quien ha fluctuado entre el apoyo tácito a Ucrania y comentarios más favorables a la visión rusa. Sin embargo, el respaldo a Kiev entre los votantes republicanos parece sólido, y un creciente segmento del Partido Republicano aboga por mantener el apoyo a Ucrania frente a la invasión.
A medida que el conflicto entra en su quinto año, la guerra no solo se libra en el campo de batalla, sino también en la percepción pública y la política internacional. La propaganda rusa y los esfuerzos por desestabilizar el apoyo occidental hacia Zelenski son constantes, aunque el Kremlin aún no ha conseguido revertir la situación a su favor. La presión sobre Rusia aumenta, mientras que Ucrania se reafirma, buscando consolidar su posición ante un mundo dividido y complejo, donde el próximo movimiento de Trump puede resultar decisivo para el futuro del conflicto.
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