Netanyahu Llega a Hungría en Controversial Maniobra que Desafía el Consenso Global

Ya lo sabíamos, pero este miércoles veremos morir algo en directo. Este 2 de abril, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pisará suelo europeo por primera vez desde que la Corte Penal Internacional (CPI) publicó su orden de arresto contra él (y otros miembros del gobierno israelí) por presuntos crímenes de guerra. Lo recibe el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que ya lo había invitado al país nada más anunciarse la orden. Israel no es firmante del Estatuto de Roma, que reconoce la autoridad jurídica del tribunal internacional, pero sí lo son todos los países de la Unión Europea. Incluida Hungría.

La orden de arresto contra Netanyahu era «descarada, cínica y completamente inaceptable», según Orbán, quien prometió que en cualquier visita del israelí al país «se garantizaría su libertad y seguridad». «No tenemos otra opción, tenemos que desafiar esta decisión [de la Corte]». La CPI emitió órdenes de arresto contra Netanyahu y su ministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad perpetrados en Gaza durante la última invasión israelí, que se habría cobrado ya las vidas de alrededor de 50.000 personas. La corte incluye en su orden a tres líderes de Hamás, que habrían participado en el ataque del 7 de octubre, pero el Gobierno israelí se apresuró a calificar la investigación y la orden de arresto como «antisemitas» y una «perversión de la justicia».

Fue durante el primer mandato de Orbán, sin embargo, cuando Hungría aceptó la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, el último exponente del sueño de un orden internacional -con sus más y sus menos en la práctica, estamos hablando de ideales- sujeto a reglas. Eran otros tiempos en Hungría. Hoy, con la visita de Netanyahu, Orbán elige finiquitar públicamente esa idea central que tomó como suya la Unión Europea. Aunque tampoco vamos a darle toda la responsabilidad al húngaro.

El viaje de Netanyahu a Hungría, que durará hasta el 6 de abril, es el segundo que hace fuera de Israel desde que se publicó la orden de arresto. El primero fue el pasado febrero a Estados Unidos, su gran aliado y que no acepta la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, por lo que no se trataba de un viaje de riesgo. No era cosa solo de Donald Trump (aunque la primera persona a la que sancionó nada más llegar a la Casa Blanca fue, precisamente, el fiscal de la corte, Karim Khan), sino una política general de Estados Unidos.

Pero la Unión Europea era otra cosa. Fueron los países de la UE quienes impulsaron la idea de una jurisdicción planetaria para basar el orden internacional en la ley y no en la fuerza de las armas. O eso pensábamos.

La visita de Netanyahu a Hungría -en desafío a la Corte Penal- es una muerte en directo ya del alto tribunal, que necesitaba siempre en cualquier caso de la colaboración voluntaria de sus signatarios para poder hacer efectivas cualquiera de sus órdenes, pero es una muerte lo suficientemente arropada en las circunstancias para que no parezca tan dolorosa o tan significativa. Después de todo, Orbán sería el verso suelto de la Unión, desafiando en los últimos años en otros muchos escenarios la idea clásica de un orden internacional bajo reglas que podrían aplicarse a todos, primeros ministros en activo o no. Como una rana en agua caliente.

Con su viaje a Budapest, Netanyahu, en realidad, casi hace un favor a otros países europeos como Francia, Alemania, Grecia o Italia, que ya han dado señales de que tampoco acatarían la orden de la Corte Penal Internacional, pero que no se han visto forzados a hacerlo directamente y enfrentarse al fin de esa idea que pregonaban desde la Unión Europea. Francia fue el primero, cuando su Ministerio de Exteriores aseguró que Netanyahu tendría inmunidad, porque Israel no acepta la jurisdicción de la Corte Penal. «Un Estado no puede ser obligado a actuar de una manera incompatible con sus obligaciones bajo el derecho internacional en lo que se refiere a la inmunidad de los Estados que no son miembro de la CPI. Esta inmunidad se aplica al primer ministro Netanyahu y a otros ministros afectados y deben tenerse en cuenta si la CPI nos llegara a pedir su detención y extradición», dijo París. El argumento no se sostenía: Francia sí aseguró que acataría la orden de arresto vigente contra Vladímir Putin, pese a que Rusia tampoco es signatario del Estatuto de Roma.

En aquel momento, Alemania, pese a su especial relación con Israel, aseguró que sí acataría la orden de arresto si Netanyahu pisaba el país, una decisión que cambió con la llegada del nuevo canciller, Friedrich Merz. «Creo que es una idea completamente absurda que un primer ministro israelí no pueda visitar la República Federal de Alemania», dijo Merz en una conferencia de prensa apenas un día después de que sus conservadores ganaran las elecciones.

Italia no ha sido tan abierta, pero el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, aseguró tras una visita el pasado febrero a Roma que el gobierno italiano de Giorgia Meloni les había asegurado que, como todavía jefe de gobierno, Netanyahu «tenía inmunidad», si decidía pisar el país.

Pero Netanyahu ha volado a Budapest, el gobierno que quiere dinamitar la Unión Europea desde dentro, y no es de extrañar. Los gobiernos de extrema derecha de Israel y Hungría están estrechamente alineados, y Budapest es un firme defensor de Israel en los foros europeos. Ministros israelíes y aliados de Netanyahu, a su vez, han elogiado el liderazgo de Orbán, así como, en general, otros partidos de extrema derecha europea, incluidos a veces aquellos con tintes neonazis. En contra, también de las voces de las comunidades judías en dichos países, como Francia o Alemania.

En la última Conferencia Internacional contra el antisemitismo, organizada por Israel en Jerusalén el pasado 28 de marzo, estuvieron presentes grandes pesos pesados de la ultraderecha europea, incluido Jordan Bardella, líder del partido francés Agrupación Nacional (RN) y Marion Maréchal, nieta del fundador del Frente Nacional, predecesor de RN, y negacionista del Holocausto, Jean-Marie Le Pen. El acto fue boicoteado por personajes y asociaciones como el comisario alemán de Antisemitismo, Felix Klein, el director general de la Liga Antidifamación Jonathan Greenblatt, o la Conferencia de Rabinos Europeos (CER).

En casa, Netanyahu ha tumbado a Tribunales, jueces y fiscal antes de que pueda ser sentenciado en sus juicios por corrupción. Contra el juicio por genocidio, Netanyahu está intentando hacer lo mismo: tumbar la Corte Penal Internacional. Este viaje –al que quizá sigan más–, es solo una manera de hacerlo. Y Orbán el alegre cooperante.

Scroll al inicio
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.