En un giro sorpresivo y altamente controversial, el magnate tecnológico Elon Musk ha desatado lo que podría interpretarse como una crisis constitucional en Estados Unidos, al retar abiertamente las decisiones judiciales que han bloqueado varias disposiciones de la Administración de Donald Trump, en un eco a acciones similares realizadas por líderes autoritarios en Latinoamérica. Este enfrentamiento alcanza nuevos niveles de tensiones en un país ya marcado por las profundas divisiones políticas y el cuestionamiento a las bases mismas de su sistema democrático.
La creciente polarización en Estados Unidos ha llegado a un punto en el que Musk, tras su integración en el círculo cercano de Trump gracias a significativas donaciones a su campaña, ha adoptado una postura de confrontación directa contra el sistema judicial. Las cortes han frustrado intentos de la actual administración para implementar políticas radicales, incluyendo la revocación del derecho a la ciudadanía por nacimiento y restricciones a las agencias federales, argumentando su inconstitucionalidad o ilegalidad.
La respuesta de Musk ante estas acciones judiciales ha sido tajante, llegando a calificarlas de «Golpe judicial» y cuestionando la legitimidad y permanencia de ciertos magistrados, además de sugerir la posibilidad de no acatar dichas decisiones. Tal actitud ha agitado las aguas de una nación que ve en la independencia de sus poderes, una piedra angular de su estructura democrática.
José Marinero, abogado salvadoreño y especialista en políticas públicas, destaca la similitud de las estrategias empleadas por Musk con las utilizadas por figuras como Nayib Bukele, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, quienes han minado la independencia judicial en sus respectivos países como medio para consolidar su poder.
El caso de El Salvador es particularmente significativo, donde Bukele, en una maniobra ampliamente criticada, destituyó a magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, acción vista como un ataque directo a la separación de poderes. Es justamente este modelo el que Musk parece admirar y sugerir para Estados Unidos, como revelaron interacciones en redes sociales entre él y Bukele.
Trump, por otro lado, ha emitido mensajes contradictorios, asegurando respetar las decisiones judiciales pero a la vez apelándolas y haciendo declaraciones que ponen en duda su compromiso con los principios constitucionales del país. Este vaivén discursivo añade incertidumbre sobre la dirección real que la administración pretende seguir.
A pesar de la controversia, las instituciones estadounidenses, incluidos numerosos juristas y organizaciones de defensa de la justicia, han defendido la independencia judicial como pilar democrático, rechazando las propuestas de Musk. Estos episodios no solo plantean una profunda reflexión sobre el estado de la democracia en Estados Unidos, sino que también evidencian los riesgos inherentes a la erosión de sus principios fundamentales por parte de aquellos en el poder, especialmente cuando encuentran inspiración en modelos autoritarios que desprecian la separación de poderes.