Mensaje Presidencial en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto

Cada 27 de enero, el mundo se detiene para recordar uno de los capítulos más sombríos de la historia: el Holocausto. Este día, que marca la liberación del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en 1945, se convierte en un momento de reflexión profunda sobre la barbarie que el ser humano es capaz de infligir a su propia especie. En esta conmemoración, recordamos no solo a los millones de judíos asesinados por el régimen nazi, sino también a los slavos, los romas, personas con discapacidades, líderes religiosos, y muchos otros que fueron objeto de odio y persecución.

El mensaje de este año subraya la necesidad de recordar, no solo por el dolor que causa, sino por la promesa de que tal maldad no volverá a resurgir. Las voces de aquellos que sobrevivieron al Holocausto son testigos vivos de un horror que no debe ser olvidado. Cada relato de supervivencia trae consigo no solo el peso del sufrimiento, sino también una lección sobre la resiliencia del espíritu humano.

La pandemia de odio y antisemitismo que enfrenta el mundo hoy es un recordatorio de que la historia tiene la tendencia de repetirse si no se le pone un alto. La administración actual ha hecho de la lucha contra el antisemitismo una de sus prioridades, reafirmando el compromiso de proteger el derecho de cada individuo a practicar su fe sin miedo. Este compromiso no solo se dirige a los judíos, sino que abarca la defensa de todos los que son perseguidos por su identidad y creencias.

La jornada del recuerdo es también un homenaje a la memoria de aquellos que no lograron sobrevivir y un reconocimiento a quienes, a pesar de haber sido marcados física y emocionalmente, se han dedicaron a compartir su historia. Su valentía para hablar del pasado, aún con cicatrices visibles e invisibles, nos insta a mantener viva la llama de la memoria, para que nunca más permitamos que el odio y la intolerancia tomen el control.

Así, al honrar a los caídos y reconocer la fortaleza y fe de los sobrevivientes, reafirmamos un principio universal: cada ser humano lleva en su interior la dignidad inherente que debe ser protegida y celebrada. El Holocausto no es solo una lección del pasado; es un llamado a la acción para garantizar un futuro donde la justicia, la libertad y la dignidad humana prevalezcan sobre el odio. En este día, renovamos nuestro compromiso de construir un mundo donde todos puedan vivir sin temor, dignos y libres.

Fuente: WhiteHouse.gov

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