La concejalía de Medio Ambiente a través de la Sección de Parques y Jardines está llevando a cabo desde el mes de febrero el programa de control de la oruga procesionaria en la ciudad. La concejala, Manuela Nieto-Márquez, reconocía que desde ese mes se están poniendo y recogiendo las bolsas instaladas en los árboles de diferentes zonas de la ciudad y desarrollando los diferentes tratamientos para minimizar el impacto de esta oruga.

La concejalía de Medio Ambiente a través de la Sección de Parques y Jardines está llevando a cabo desde el mes de febrero el programa de control de la oruga procesionaria en la ciudad. La concejala, Manuela Nieto-Márquez, reconocía que desde ese mes se están poniendo y recogiendo las bolsas instaladas en los árboles de diferentes zonas de la ciudad y desarrollando los diferentes tratamientos para minimizar el impacto de esta oruga.

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una especie de lepidóptero que abunda en bosques de pinos de Europa del Sur, de los que se alimenta. Durante el invierno los embriones se encuentran en las copas de los pinos, y al final del mismo descienden al suelo, en características filas indias (de ahí su nombre común de “procesionarias”)

Por eso los técnicos municipales de Parques y Jardines y los trabajadores de la contrata de Jardines fuera de rondas, están desarrollado los métodos de control para evitar los problemas que puede provocar. Así se han instalados en los troncos de los pinos las bolsas, que se retirarán en el mes de junio, las trampas de feromonas y jaulas para capturarlas.

José Arrieta, el jefe de sección de Parques y Jardines del Ayuntamiento, reconoce que dentro de los programas de control que se realizan, “la procesionaria puede ser una plaga que puede afectar al ciudadano, porque los pelos de las orugas son urticantes, y pueden afectar a niños o a perros que puedan comerlas, por lo que es necesario controlarla, a parte de la afectación que pueden ocasionarles a los árboles, provocándoles incluso la muerte”.

Para ello se hace un tratamiento preventivo, desde la puesta de trampas de feromonas en los meses de agosto-septiembre para coger a los machos adultos y que no puedan tener reproducción. También se colocan en estos meses trampas físicas que se ven en los árboles para que no puedan bajar al suelo y no puedan tener otro ciclo reproductivo.

Además, se hace un control con endoterapia al propio árbol para que, a través de la savia, se utiliza un producto que llega a las hojas de los pinos, que cuando son comidas por las orugas, mueren. Todos los medios de control son sostenibles y cumplen con la normativa para minimizar esta plaga en la ciudad.

Y en el caso de que se descubra alguna “procesión” de estas orugas, la forma de actuación es clara: no tocarlas, si hay niños alejarlos, y avisar a la Concejalía de Medio Ambiente (926 271 055) y al Departamento de Parques y Jardines ([email protected]), que las retirará automáticamente.