Nadie debería sorprenderse si decimos que no se necesita llevar un móvil encima para estimar la hora. Sea de día o de noche. De día, la lógica, es estimarla en función de la posición del sol. De noche, con la Osa Menor. Las personas que ya peinan canas recuerdan a esos mayores que eran capaces de decirnos la hora sin mirar el reloj, simplemente con un vistazo hacia el cielo, con típicas frases del tipo “en una hora, amanece”. Hoy el cielo nocturno está perdido a causa del exceso lumínico, por eso la capacidad de conocer el tiempo según los astros se dificulta. Trataremos de resucitar este método de antaño para conocer la hora mirando el cielo nocturno, tratando de recuperar la curiosidad por los cuerpos celestes y esa singular experiencia de observar con el ojo desnudo.

Divulgación de El Reloj Nocturno 1

El principio que describimos fue utilizado por navegantes de hace, al menos, mil años cuando la Polar empezó a ser nuestra “polar”. De hecho, Cristóbal Colón lo usaba en sus viajes. En vez de usar “la esfera de un reloj” con un diseño que data del siglo XVII, se valía las llamadas “horas italianas” y las referencias sobre partes del cuerpo que tomaban como patrón el “hombre del norte”. Incluso se construyeron aparatos especiales, como el “nocturnilabio” que realizaban esta medida, y estuvo en uso hasta que aparecieron los relojes mecánicos precisos en el siglo XVII.

En fin, si eres de esas personas impacientes de la actualidad, habituadas a los 150 caracteres del “piopiío” o a las historias de la “instantánea” o el “caralibro”, puedes ir directamente al epígrafe de “Resumen del método y ejemplos” y evitarte toda la explicación previa.

Buscar la Polar

El primer paso es encontrar la Osa Menor. Buscaremos primero la estrella más brillante del conjunto, la Polar. Si podemos ver el asterismo de “el Cazo” o “el Carro” que forma parte de la Osa Mayor, lo que haremos será unir con una línea imaginaria las dos estrellas más traseras del carro y prolongar dicha línea unas cuatro o cinco veces si longitud hasta dar con una estrella no muy brillante, pero que destaca por estar en medio del campo en donde se encuentra, esa es la Polar.

Otra forma de medir es partiendo desde la constelación “Casiopea”; esta es una constelación muy conspicua y se la reconoce hacia el norte como una M o una W, en función de la fecha y hora. Se abre hacia la Polar. Una vez encontrada la Polar, buscaremos a sus compañeras que forman el «Pequeño Carro». En concreto, nos interesa la línea formada por la Polar o Polaris —alfa Ursae Minoris o αUMi— y Pherkad —gamma Ursae Minoris o γUMi.

El reloj que gira al revés

Este método está basado en el concepto de “hora sideréa” u hora estelar, que es con el que se ha estado midiendo el tiempo hasta que aparecieron los relojes atómicos y de la red del “Tiempo Atómico Internacional”, allá por los años cincuenta del siglo pasado.

De manera resumida, podemos decir que la medida se realiza observando las estrellas que pasan por el meridiano local—esto es, por la línea norte – sur— y anotando la hora dada por un reloj —que daba una primera aproximación menos precisa—. Comparando las coordenadas de las estrellas con la hora marcada, se ponía «en hora» el reloj.

Eso es lo que haremos con nuestro puntero. Hay que tener en cuenta dos elementos. Lo primero, es que el firmamento gira una vez cada 24 horas. Además, lo hace en el sentido contrario a las agujas del reloj, en realidad es la tierra la que gira en el sentido horario mirando hacia el norte.

  • Una vez que encontramos la Polar y su compañera, Pherkad, las emplearemos como agujas del reloj. La Polar tiene que coincidir con el eje, y Pherkad con el extremo de la aguja. Ya que la Tierra gira en 24 horas, es de suponer que Pherkad debería marcar la misma hora cada día, pero ten en cuenta estas consideraciones:
  • Nuestro huso horario y el cambio de hora verano invierno. Tendremos que sumar una hora en invierno y dos en verano.
  • Además, la Tierra se traslada alrededor del Sol, con lo que hay que descontar una vuelta al año, es decir, veinticuatro horas en doce meses, que son dos horas por mes, una hora por quincena o cuatro minutos al día. Es decir, hay que restar dos horas por mes, más una si estamos en la segunda quincena del mes. Y hay que tener en cuenta otras dos, puesto que el primer mes es el uno y no el cero.
  • A su vez, esta estrella no está a las 0:00h el día uno de enero de cualquier año, sino que está desplazada diez horas que también habrá que sumar.

Se pueden añadir términos y correcciones que le aportan más precisión, pero la limitación principal es la estimación del ángulo en el cielo, que a simple vista, no tiene más precisión de la hora. Y es claro que estamos hablando de un método aproximado.

Resumen del método y ejemplos

En resumen, se trata de:
1. Estimar la posición del «reloj» en la esfera de veinticuatro horas.
2. Restar 2xMes. Si es la segunda quincena del mes, añadir -1.
3. Considerar +12 en invierno y +13 en verano.
4. Ajustar a veinticuatro horas — +24 si sale negativo o -24 si sale mayor—.
Y ya está. Pongamos un par de ejemplos:

Conclusiones

Hoy en día, basta con mirar el móvil para conocer el día y la hora con precisión milimétrica. No se necesitan conocer las diferentes escalas de tiempo como el Tiempo Universal Coordinado, el Tiempo Atómico Internacional o el Tiempo Dinámica Terrestre. Tampoco es necesario conocer la importancia real de la medida del tiempo, importancia que llevo a un homínido hace 32.000 años a registrar el ciclo lunar en un hueso. Pero esa importancia existe y es fundamental, día a día, hora a hora. La medida del tiempo fue uno de los grandes avances tecnológicos de la Humanidad, junto al dominio del fuego y la rueda, no hay que perderlo de vista.