La Unión Europea ha tomado una decisión significativa al incluir al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Irán en su lista de organizaciones terroristas, un movimiento que se dio a conocer el pasado martes. Esta medida, que marca un punto de inflexión tras años de divisiones internas sobre la eficacia de sanciones, fue impulsada en gran parte por la reciente represión de protestas en Irán, donde miles de manifestantes pacíficos perdieron la vida. A pesar de las reticencias iniciales de países como Italia y Francia, el consenso entre varios miembros de la UE se ha fortalecido ante la gravedad de la situación en el país persa.
Este cambio en la política europea también viene acompañado de un nuevo paquete de sanciones dirigido contra las autoridades iraníes, que incluye medidas contra 15 individuos y seis entidades, todos señalados por violaciones graves de derechos humanos y por la implicación de Irán en el conflicto en Ucrania. Con estas nuevas sanciones, el total asciende a 247 personas y 50 organizaciones afectadas, lo que refleja el compromiso de la UE por hacer frente a la represión en Irán y enviar un mensaje claro de apoyo al pueblo iraní en su lucha por la libertad.
En medio de este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado las tensiones al amenazar al régimen iraní con acciones más severas si no reanuda las negociaciones sobre su programa nuclear. Con la entrada del portaviones Abraham Lincoln en aguas de Oriente Medio, la situación se torna más álgida, mientras las autoridades iraníes advierten sobre su disposición a responder de manera inmediata y contundente a cualquier agresión. La combinación de sanciones europeas y amenazas de intervención militar estadounidense plantea un futuro incierto tanto para Irán como para el Medio Oriente.
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