La presidenta de la Comisión Europea ha señalado que Europa ya no puede ser la guardiana de un orden mundial que ha dejado de existir. Esta afirmación es el eco de un análisis más profundo que plantea el académico Richard Sakwa en su reciente obra sobre la ideología de la «Segunda Guerra Fría». Sakwa destaca cómo, tras la caída del socialismo, el llamado primer mundo, encabezado por Occidente, ha buscado efectivamente expandir un «orden internacional basado en reglas». Sin embargo, esta ambición se ha visto complicada por un cambio en el orden global, con el ascenso de potencias como China y un Estados Unidos que, bajo la influencia de figuras como Donald Trump, se aleja de sus compromisos históricos con sus aliados europeos.
El discurso de Von der Leyen parece reflejar un miedo creciente ante esta reconfiguración del poder. Al enfatizar que «Europa no puede ser el único pilar de este nuevo orden mundial», insinúa la vulnerabilidad que enfrenta el continente en un contexto donde el vínculo transatlántico se tambalean. Con el desinterés cada vez más evidente de Estados Unidos por mantener su papel hegemónico, Europa se encuentra ante la disyuntiva: someterse a una nueva narrativa en la que la seguridad dependa del comportamiento de cada estado y a la vez, afrontar la necesidad de forjar un camino propio que desafíe esta dinámica.
Aunque se podría pensar que no hay alternativas, la realidad es que existe un potencial para construir una coalición de democracias global que incluya potencias de diversas regiones, no solo de Occidente. La búsqueda de un nuevo equilibrio exige una astucia política que supere la pasividad actual y haga frente a las nuevas realidades geopolíticas. Consciente de esto, Europa debe actuar con firmeza; el tiempo de la contemplación ha pasado y ha llegado el momento de proyectar una nueva visión para un sistema internacional que, a pesar de sus dificultades, no está irrevocablemente perdido.
Artículo resumido que puedes leer completo aquí















