La reciente aparición de Hovik Keuchkerian en el programa «El Hormiguero» se ha convertido en un escaparate para discutir un tema candente en la actualidad: la verdadera libertad de expresión. Con un estilo propio, el actor y humorista ha arrojado luz sobre el cinismo que rodea a aquellos que se declaran defensores de la libertad de expresión, pero que, al recibir opiniones contrarias a sus creencias, optan por el rechazo y la censura.
Conocido por su versatilidad y por personajes en producciones como «30 monedas» y «El hoyo 2», Keuchkerian se ha convertido en un referente tanto en el mundo del cine como en el stand-up. Sin embargo, más allá de su carrera, lo que más resuena de su visita al programa es su valentía para plantear reflexiones que incomodan. «No es un texto fácil y no es cómodo para todos los públicos», admitió ante Pablo Motos, dejando entrever que su comedia no siempre busca hacer reír, sino invitar a pensar y, a veces, a confrontar.
Durante el encuentro, el actor se mostró consciente de que su discurso puede provocar reacciones adversas entre el público. «Sé que digo cosas con las que mucha gente no está de acuerdo; les veo las caras, las reacciones y la incomodidad, pero se quedan». Esa mezcla de incomodidad y aceptación es un claro indicador, según él, de que su mensaje resuena, y ha llegado a interpretar la salida de algunos espectadores como un signo de que sus palabras están desafiando creencias arraigadas.
En un mundo donde la polarización de opiniones parece estar en aumento, Keuchkerian reflexiona sobre la pérdida de la capacidad de escucha. «A poco que dicen algo que te chirría —y encima has pagado una entrada, lo que parece implicar que tienes que estar de acuerdo con el sujeto del escenario—, te levantas y te marchas», argumenta, advirtiendo sobre la necesidad de abrirse a la diversidad de ideas, incluso cuando estas desafían nuestra zona de confort.
Su provocativo inicio en los monólogos es igualmente revelador. En un tono desafiante, se pregunta cuántos de los presentes están dispuestos a aceptar las opiniones de otros cuando éstas no se alinean con su visión del mundo. «Cuando se trata de su libertad, vale; cuando se trata de la de otro, se produce el efecto ‘contigo no, bicho'», subraya, proporcionando un espejo hacia la dinámica social contemporánea en la que la tolerancia se ve comprometida.
A través de sus palabras, Hovik Keuchkerian se erige no sólo como un entertainer, sino como un provocador de conciencia, dispuesto a cuestionar la naturaleza misma del diálogo y la confrontación en una era donde la polarización marca la pauta. Su visión se presenta como un llamado a la reflexión, donde cada palabra tiene el potencial de incomodar, pero también de invitar a la discusión y a la reanálisis de nuestras propias convicciones.














