El reciente anuncio de un supuesto acuerdo entre el presidente estadounidense Donald Trump y el secretario general de la OTAN sobre Groenlandia ha desatado una ola de incredulidad entre los groenlandeses. En Nuuk, la capital, las habitantes Nina y Najaaraq expresan su sorpresa al enterarse del acuerdo por las redes sociales y medios de comunicación, sin que el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, estuviera al tanto. La diputada Aaja Chemnitz Larsen recordó la frase «Nada sobre nosotros, sin nosotros», reiterando la demanda de los groenlandeses de ser parte de las decisiones que afectan a su territorio, conocido como Kalaallit Nunaat.
Los habitantes de Groenlandia se sienten abrumados por la atención internacional y la incertidumbre generada por las incursiones de Trump. Algunos, como la profesora Emiia, aconsejan a los jóvenes no hablar con los medios sin supervisión, mientras en las calles se viven momentos de incomodidad por la mirada de las cámaras. A medida que el interés de las grandes empresas de comunicación crece, los groenlandeses ruegan que se reconozca su humanidad y que no sean reducidos a meros titulares. Además, el temor por el futuro de su entorno y los efectos del cambio climático se suma a su inquietud, ya que el calentamiento global está alterando su forma de vida.
La relación entre Groenlandia y Dinamarca también está en la mira, con un pasado colonial que persiste en la memoria colectiva. Los groenlandeses desean mantener una conexión con Dinamarca pero exigen reparaciones por los errores históricos. A pesar de la presión internacional, la población busca un futuro en el que su voz sea escuchada y su territorio respetado. La inquietud se siente en cada rincón de Nuuk, donde muchos piensan en planes de emergencia y formas de alejar su vida del caos dejado por decisiones ajenas.
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