En el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha revelado un audaz plan de reconstrucción para Gaza, que incluye el desarrollo de nuevas infraestructuras y un ambicioso proyecto inmobiliario. La propuesta se centra en transformar el enclave en un destino vacacional con rascacielos, zonas turísticas a lo largo del Mediterráneo y un crecimiento industrial significativo. Jared Kushner, yerno de Trump y figura clave en la negociación del alto el fuego entre Israel y Hamás, ha enfatizado que el éxito de este «plan maestro» depende de la desmilitarización total de Gaza.
La iniciativa contempla la creación de ciudades modernas –tales como Nueva Rafah y Nueva Gaza– que albergarían centros educativos, instalaciones médicas y áreas industriales, con el objetivo de ofrecer un nuevo hogar a la población desplazada por el conflicto. Sin embargo, aunque la visión es prometedora, el plan enfrenta serias dudas sobre su financiación y la viabilidad política, dado que su implementación está ligada a condiciones de seguridad y desmilitarización que podrían ser difíciles de cumplir.
La recepción del proyecto ha sido polarizada, con apoyo de algunos países y reservas por parte de aliados europeos. La magnitud del plan contrasta con la dura realidad en Gaza, que continúa lidiando con la destrucción y una crisis humanitaria profunda, en un entorno donde el alto el fuego es frágil. Así, la ambiciosa propuesta de Trump no solo busca reconstruir infraestructuras, sino redefinir un futuro para un territorio marcado por la inestabilidad.
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