El presidente Donald Trump ha anunciado planes para erigir una estatua de Cristóbal Colón en los terrenos de la Casa Blanca, una decisión que se alinea con su postura ‘antiwoke’ y su aprecio por la figura histórica del conquistador. La estatua se ubicará en una zona central de Washington, junto a la calle E y al norte de la Elipse, un lugar que seguramente atraerá tanto apoyo como controversia. Este esfuerzo parece ser parte de un intento más amplio de Trump de reafirmar iconos culturales en un momento en que muchas representaciones de Colón han sido objeto de críticas y protestas.
La nueva estatua es en realidad una reconstrucción de una obra que fue inaugurada por Ronald Reagan en 1984 en Baltimore, y que fue derribada en 2020 durante las manifestaciones por la muerte de George Floyd, donde se cuestionaron los legados de la colonización y el racismo. En los últimos años, Colón se ha convertido en un símbolo polarizador que genera un intenso debate ideológico, reflejando tanto la reivindicación de ciertos sectores de la sociedad como la lucha por la justicia histórica por a otros.
Trump, que cambió el nombre del segundo lunes de octubre a ‘Día de Colón’, enfatiza su deseo de dejar una huella en la Casa Blanca, que también incluye ambiciosos proyectos de remodelación en el complejo presidencial. Entre sus planes destaca la construcción de un gran salón de baile y un arco del triunfo inspirado en el de París, lo que refleja su intención de reconfigurar espacios emblemáticos de la capital estadounidense y servir como recordatorio de su legado político y cultural.
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