El clima político en Venezuela parece estar en un punto de inflexión, con la administración de Estados Unidos sugiriendo que el país podría celebrar elecciones en un plazo de 18 a 24 meses. Chris Wright, secretario de Energía de EE.UU., compartió esta información con ejecutivos de diversas empresas, lo que refleja un interés creciente de la Casa Blanca en la situación venezolana. Sin embargo, este proceso de transición hacia la democracia parece ser provisional y está rodeado de incertidumbre, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa en enero, en una operación llevada a cabo por las autoridades estadounidenses en territorio venezolano.
En este contexto, figuras prominentes de la oposición venezolana, como María Corina Machado, han expresado su deseo de regresar a su país y participar en un proceso genuino de transición. Desde su exilio, Machado ha criticado abiertamente cualquier colaboración con el gobierno interino de Delcy Rodríguez y ha advertido sobre los riesgos de implementar un modelo de transición que no represente un cambio real. La claridad sobre cómo se desarrollará este proceso es fundamental, especialmente luego de las elecciones polémicas de julio de 2024, que fueron señaladas por fraude por parte de la oposición.
Por otro lado, el viaje reciente de la embajadora estadounidense Laura Dogu a Caracas marca un intento de reabrir relaciones diplomáticas entre ambos países, algo que no sucedía desde la ruptura de las mismas hace siete años. Este acontecimiento se produce en conjunto con el anuncio de una amnistía general para los presos políticos en Venezuela, lo que podría ser un paso significativo hacia la reconciliación, aunque las promesas de derechos humanos en el pasado han sido, lamentablemente, difíciles de verificar en la práctica.
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