La tarde del 28 de abril de 2025 dejó una imagen difícil de olvidar en España y Portugal: servicios interrumpidos, transportes condicionados y una economía moderna funcionando a trompicones por la caída repentina del suministro eléctrico. El “cero de tensión” registrado a mediodía y la posterior recuperación progresiva del sistema sirvieron para ilustrar un fenómeno que técnicos y gestores repiten desde hace años: cuando una infraestructura crítica falla, el problema no se queda en esa infraestructura; se propaga.
Aquel episodio —analizado por un comité específico del Gobierno— no fue solo un incidente energético. Mostró cómo el país depende de una cadena de sistemas estrechamente conectados: electricidad, telecomunicaciones, transporte, agua y logística. Y también reabrió un debate incómodo, menos vistoso que inaugurar nuevas obras: el mantenimiento sostenido, la inversión preventiva y la resiliencia real de lo ya construido.
El apagón como aviso: la infraestructura no falla sola
El informe oficial sobre el 28-A recoge que el colapso se desencadenó en segundos y que la reposición se abordó por fases, con hitos de recuperación que se extendieron hasta la mañana siguiente. Más allá de las causas técnicas, lo que quedó en evidencia fue la fragilidad del “día a día digital”: sin energía, la vida contemporánea pierde coordinación.
Esa vulnerabilidad también se vio en la red. Cloudflare y monitorizaciones citadas por Revista Cloud reflejaron caídas bruscas del tráfico de Internet durante el apagón, un recordatorio de que la conectividad móvil y fija no es inmune cuando se agota el respaldo eléctrico o se saturan nodos y estaciones base.
Carreteras: más de la mitad, en el punto de mira
En el caso de las carreteras, el diagnóstico ya no es una sensación del conductor: hay cifras. Un análisis difundido por la Dirección General de Tráfico, basado en datos de la Asociación Española de la Carretera, apunta a que el 52% de la red analizada presenta un estado deficiente o muy deficiente. El mismo marco de estimación sitúa en torno a 54.000 kilómetros los tramos que requerirían actuaciones y calcula una inversión necesaria de 13.491 millones de euros para revertir el deterioro acumulado.
El problema no es solo estético. Cuando se retrasa el mantenimiento preventivo, el coste se dispara: lo que era un refuerzo o un reasfaltado pasa a convertirse en una rehabilitación integral. A eso se suma un efecto colateral poco comentado: la degradación encarece el transporte de mercancías, aumenta el consumo y agrava el riesgo en puntos sensibles como drenajes, señalización o barreras de contención.
Tabla 1 — Indicadores recientes sobre presión en infraestructuras (España)
| Área | Qué está ocurriendo | Dato de referencia |
|---|---|---|
| Electricidad | Colapso del sistema peninsular y reposición por fases | “Cero de tensión” el 28/04/2025 y recuperación progresiva según informe oficial |
| Internet | Caídas pronunciadas de conectividad durante el apagón | Reuters cita desplomes del tráfico frente a niveles de la semana previa |
| Carreteras | Deterioro extendido y necesidad de inversión | 52% de la red analizada en estado deficiente o muy deficiente; 13.491 M€ estimados |
Ferrocarril: la seguridad se decide también en lo cotidiano
España presume —con razón— de una de las redes de alta velocidad más extensas del mundo, pero el debate interno lleva tiempo girando hacia otra pregunta: ¿se está cuidando con la misma intensidad la red convencional, la que usan a diario millones de viajeros en cercanías y media distancia?
Ese giro no es teórico. La agenda pública se ha llenado de incidencias, retrasos y episodios que, aunque con causas diversas, han puesto el foco en mantenimiento, señalización, gestión operativa y renovación de activos. En paralelo, se anuncian planes específicos de mejora y conservación en redes de cercanías, con partidas que buscan reforzar la fiabilidad del servicio.
DANA y agua: cuando llueve, se ven las costuras
El riesgo climático está convirtiendo el drenaje urbano, la limpieza de cauces y la modernización hidráulica en una cuestión económica y de seguridad, no solo medioambiental. Informes meteorológicos recientes han documentado episodios de lluvias torrenciales extraordinarias —con acumulados que superan los 700 mm en observaciones puntuales— en eventos asociados a DANAs.
Y cuando llega el daño, aparece otra cifra: el Consorcio de Compensación de Seguros ha comunicado pagos e impactos económicos multimillonarios vinculados a grandes episodios de inundación, que terminan presionando tanto a las administraciones como al tejido productivo local.
Presupuestos, costes y obras que no salen
Una parte del problema es menos visible para el ciudadano, pero decisiva: la obra pública compite en un mercado de materiales y energía con precios volátiles, y muchas licitaciones se vuelven difíciles si los pliegos no se actualizan a la realidad. Patronales del sector han advertido en los últimos años de tensiones en contratación, revisiones de precios y proyectos que se ralentizan o quedan desiertos por falta de margen económico.
En ese contexto, el mantenimiento es el primero en sufrir: no corta cintas, no da titulares inmediatos y, sin embargo, es el que evita que una avería “normal” escale a emergencia.
“Mantener es gobernar”, pero también es planificar
La conclusión que extraen muchos técnicos es tan simple como ingrata: las infraestructuras no suelen colapsar de un día para otro; se degradan. Y cuando fallan, la sociedad descubre de golpe el valor de lo que apenas mira: subestaciones, drenajes, firmes, centros de control, baterías de respaldo, redundancias de red.
Por eso, el debate que deja el 28-A, el estado de las carreteras o el impacto repetido de las DANAs no va solo de gastar más, sino de gastar mejor: auditorías independientes, planificación a largo plazo, prioridades transparentes y una cultura pública que entienda que el mantenimiento no es un extra, sino la base de la seguridad y la competitividad.
Preguntas frecuentes
¿Por qué invertir en mantenimiento de infraestructuras suele ser más barato que reparar tras un colapso?
Porque el mantenimiento preventivo actúa antes de que el deterioro sea estructural: evita reconstrucciones completas, reduce cortes de servicio y limita daños en cadena.
¿Qué implica que más de la mitad de las carreteras estén en estado deficiente según informes sectoriales?
Implica más costes de conservación futura, mayor riesgo en firmes y drenajes, y un impacto indirecto en logística, seguridad vial y tiempos de transporte.
¿Cómo afecta un apagón masivo a Internet y a las telecomunicaciones móviles?
La conectividad depende de energía y de sistemas de respaldo; si fallan baterías, generadores o se saturan nodos, el tráfico puede desplomarse y la coordinación de emergencias se complica.
¿Qué medidas ayudan a mitigar los daños de DANAs e inundaciones en ciudades?
Mejoras en drenaje urbano, limpieza de cauces, actualización de infraestructuras hidráulicas, planes de emergencia y cartografías de riesgo, además de mantenimiento continuo.
Referencia: Diego Velázquez Castillo en Linkedin

















