El Congreso de Perú destituyó este martes al presidente interino, José Jerí, a solo dos meses de las elecciones generales, marcando el octavo cambio en la presidencia en menos de diez años de convulsión política. La decisión se tomó con 75 votos a favor, 24 en contra y tres abstenciones, luego de que Jerí fuera señalado en varias irregularidades, incluyendo reuniones clandestinas con empresarios chinos y la contratación de funcionarias vinculadas a él durante su breve mandato de cuatro meses.
La destitución fue motivada, en parte, por la pérdida de popularidad de Jerí y por la creciente presión de una Fiscalía que lo investiga por tráfico de influencias. Desde el inicio de su gestión, la confianza de sus aliados, especialmente del partido Somos Perú, se desvaneció rápidamente a medida que emergieron los escándalos. Aunque el fujimorismo se mantuvo leal a él, la mayoría del Parlamento prefirió seguir adelante con la destitución, distanciándose de cualquier asociación que pudiera resultar impopular ante la ciudadanía.
Tras la caída de Jerí, el Congreso se apresta a elegir un nuevo presidente de la cámara, quien asumirá automáticamente el cargo de presidente encargado de la República hasta la toma de posesión del próximo mandatario electo, prevista para el 28 de julio. La historia reciente de Perú, marcada por un incesante vaivén de líderes políticos, pone de relieve la fragilidad de las instituciones en un contexto donde la confianza pública se encuentra en niveles críticos.
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