Desde la década de los setenta, Italia ha sido considerada el laboratorio político de Europa, donde las coaliciones más peculiares y los episodios de inestabilidad eran moneda corriente. Sin embargo, en los últimos años, ese curioso título ha sido reclamado por el Reino Unido, especialmente tras el referéndum del Brexit que desató una serie de cambios de liderazgo desordenados. La victoria del «sí» en 2016 dio comienzo a un carrusel de primeros ministros con visiones divergentes sobre el futuro del país, cada uno tratando de definir una salida del marco europeo que ha dejado a la economía británica estancada y generando una sensación de declive.
La situación se ha vuelto más compleja con la llegada de Andy Burnham, un líder laborista que pretende dar un giro a la narrativa política actual. Consciente de que la gestión del Brexit ha sido desastrosa, Burnham ha planteado, incluso si de manera hipotética, la posibilidad de un referéndum para regresar a la Unión Europea. Su propuesta ha resonado positivamente en un electorado fatigado, ya que una importante mayoría de británicos ahora apoya la idea de reintegrarse, no solo a la UE, sino también a sus instituciones más beneficiosas como el mercado único.
A pesar de que un referéndum podría no llegar a realizarse, el simple hecho de que Burnham toque este tema revela un cambio en la percepción de la UE. Ante las turbulencias económicas y políticas del Reino Unido, muchos ciudadanos ven en la configuración europea una fuente de estabilidad y orden en un mundo cada vez más incierto. El deseo de predecibilidad y buenas prácticas se ha convertido en un deseo palpable entre quienes, en algún momento, respaldaron el Brexit.
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