En octubre de 2023, un buque de carga con bandera de Hong Kong se vio involucrado en un incidente en el mar Báltico, donde su ancla cortó un gasoducto y dos cables de comunicación que conectaban Finlandia y Estonia. Este no fue un hecho aislado, ya que en noviembre de 2024 se reportaron daños similares a cables que conectan a Lituania, Suecia, Alemania y Finlandia, fundamentales para la conectividad de internet en la región. En Taiwán, la situación se ha complicado aún más, con cuatro daños a cables de internet internacionales atribuidos a barcos chinos en solo dos meses de 2025, lo que ha llevado a la fiscalía taiwanesa a imputar a un propietario chino por sabotaje.
Estos incidentes parecen sugerir más que meros accidentes: se alinean con la estrategia china de «fusión militar-civil», que busca integrar y utilizar recursos civiles para perseguir objetivos geopolíticos. A medida que los barcos chinos han comenzado a interceptar y tensar la comunicación en regiones críticas, resulta evidente que el propósito va más allá de la simple negligencia. Aunque las pruebas de coordinación estatal son escasas, los analistas argumentan que estos actos podrían estar diseñados para desafiar las normas internacionales sobre la guerra y la seguridad marítima.
La creciente actividad china en el mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán plantea serios desafíos a la seguridad marítima, obligando a los países europeos y aliados a reconsiderar sus estrategias y colaboración en materia de defensa. La mejora del diálogo y la cooperación entre naciones podría sentar las bases para una respuesta más efectiva a estas tácticas encubiertas, al mismo tiempo que se asegura la libertad de navegación y la seguridad de las cadenas de suministro vitales, especialmente en un mundo cada vez más interconectado.
Artículo resumido que puedes leer completo aquí

















