El regreso de David Broncano a su programa «La revuelta» tras las vacaciones de Navidad trajo consigo una invitada que desbordaba entusiasmo y conocimiento: Sara García Alonso, la primera mujer española astronauta. Su presencia en el programa, emitido el lunes 12 de enero, no solo representó un hito en la historia de la ciencia española, sino que también ofreció un espacio para reflexionar sobre los desafíos que enfrenta la comunidad científica.
García Alonso, quien se convirtió en miembro de la reserva de la Agencia Espacial Europea en 2022, ha dedicado su vida a la biotecnología y a la biología molecular del cáncer. Su trayectoria es un espejo de pasión y sacrificio por la ciencia, una vocación que, según sus palabras, no se traduce en grandes beneficios económicos. Durante su conversación con Broncano, abordó la próxima llegada de un eclipse solar el 12 de agosto de 2026, un momento que promete ser histórico para la península ibérica, subrayando la importancia de la seguridad en la observación del fenómeno.
Sin embargo, la conversación dio un giro hacia las realidades menos glamorosas del mundo científico. Cuando el presentador le preguntó sobre su salario, García fue clara y directa. «Soy astronauta que trabaja de investigadora y recibo mi salario como investigadora, no como astronauta. Y piloto por amor al arte, que me lo tengo que pagar yo», confesó. Con esta afirmación, lanzó una leve sombra sobre el ideal del científico que busca cambiar el mundo, que a menudo se ve opacado por la dura realidad de la financiación y el salario.
Sara García también se tomó un momento para subrayar que la ciencia no es una vía para hacerse rico. «Nadie que se meta en ciencia lo hace para hacerse rico. Es un sentimiento de servicio público, de mejorar las cosas», dijo. Esta afirmación resuena en el corazón de muchos investigadores que, a pesar de su compromiso y esfuerzo, se encuentran atrapados en un sistema donde la remuneración y la financiación son insuficientes. La precariedad en el ámbito científico se ha vuelto una voz común, y su testimonio se suma a la lucha por una mayor inversión en investigación y desarrollo.
La jornada en «La revuelta» fue más que una simple entrevista; fue una llamada de atención chocante sobre la importancia de la ciencia en nuestro futuro y la necesidad urgente de apoyarla. Como añadió García Alonso, «sin ciencia no hay futuro», y su mensaje fue un recordatorio poderoso de que, detrás de cada avance y cada descubrimiento, hay personas dispuestas a sacrificar mucho por el bien común. La historia de García es, en efecto, una de exploración y ambición, pero también de lucha y reivindicación, recordándonos que el camino hacia las estrellas está pavimentado de desafíos que aún requieren atención y apoyo.

















