Rosa Rodríguez se encuentra aún en un estado de asombro, dos semanas después de haber marcado un hito en la historia de la televisión española al completar el famoso «rosco» en el concurso «Pasapalabra». Con un impresionante premio de 2.716.000 euros, Rosa no solo se ha convertido en la ganadora de mayor bote en la historia del programa, sino también en la primera mujer en alcanzar los 300 capítulos consecutivos, un logro que la sitúa como referente en un formato que tradicionalmente ha estado dominado por hombres.

La victoria de Rosa no fue una cuestión de azar. Fue el resultado de una preparación meticulosa y un año de duros enfrentamientos diarios en el plató. “Fue la primera vez que sentí que tenía las 25 respuestas”, dice, recordando la crucial entrega donde tuvo la claridad que siempre había buscado. No obstante, su triunfo fue complejo, marcado por un sentimiento agridulce, especialmente porque significaba poner fin a la participación de Manu, su compañero y rival durante tantos meses. “La primera persona en la que pensé fue Manu,” confiesa, un eco de la solidaridad que ha se ha forjado entre ambos competidores en esa intensa convivencia televisiva.

Rosa, profesora de español para extranjeros, enfrenta ahora una nueva etapa en su vida. Su mente está llena de sueños más allá del premio económico: adquirir una vivienda, ayudar a sus padres y regresar a la enseñanza con mayor estabilidad. Sin embargo, a pesar de la enormidad de su logro, se siente aún sobre la nube. “No creo que sea plenamente consciente hasta que vea la emisión”, admite, sincera y reflexiva.

Aunque su victoria representa un avance significativo para la visibilidad femenina en espacios como el de «Pasapalabra», Rosa aún está procesando lo que significa haber alcanzado este nivel de éxito. Para ella, fue crucial poner un rostro femenino en un escenario con poca representación, y espera que su participación inspire a futuras generaciones de mujeres.

La ganadora también enfrenta la realidad de compartir su premio con la Hacienda, una reflexión que toma con madurez. “Estoy encantada de poder contribuir a Hacienda, si eso significa que podemos mantener los servicios públicos de los que yo tanto he disfrutado”, comenta, consciente de que su éxito no solo es personal, sino también social.

Respecto a su futuro, Rosa no tiene planes inmediatos de seguir en el mundo del entretenimiento. Su enfoque está en retomar su carrera de enseñanza, algo que le apasiona y que, según reconoce, no siempre proporciona estabilidad. “Me gustaría volver, pero quiero tomarme un tiempo para descansar”, asegura. La longevidad y la complejidad del concurso le han enseñado que mantener el nivel de disciplina a lo largo del tiempo no es tarea fácil.

Como conceder una mirada detrás de cámaras, Rosa comparte que lo que más disfrutó fue el equipo humano que hay tras el programa. Las relaciones personales que se forjan son, para ella, lo más gratificante de esta experiencia, descrita como un viaje de autodescubrimiento, fortaleza y constante superación. Su historia no solo es sobre un premio, sino sobre la pasión, la valentía y la resiliencia que ha demostrado en un ámbito donde la presión y la competitividad son la norma.

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