Con la llegada de las bajas temperaturas, no solo se nota un descenso en el termómetro, sino también un aumento en las molestias musculares que muchas personas comienzan a experimentar. El frío tiene un impacto directo en nuestro cuerpo, especialmente en el sistema muscular, y puede ser uno de los factores principales en la aparición de contracturas.
El doctor en fisioterapia Pablo de la Serna, colaborador de Angelini Pharma España, explica que el organismo reacciona ante temperaturas frías mediante mecanismos biológicos diseñados para conservar el calor interno. Entre estos mecanismos destacan la vasoconstricción periférica, que estrecha los vasos sanguíneos para reducir la pérdida de calor, y las contracciones termogénicas o escalofríos, que generan calor a través de movimientos musculares rápidos y repetitivos.
Este proceso, sin embargo, no está exento de efectos secundarios. La vasoconstricción disminuye el flujo sanguíneo a los músculos, limitando la llegada de oxígeno y nutrientes esenciales que mantienen su elasticidad y funcionalidad. Como consecuencia, los músculos se vuelven más rígidos y fatigados, aumentando la probabilidad de desarrollar contracturas o espasmos musculares. Además, en respuesta al frío, muchas personas tienden a encoger los hombros y tensar la zona cervical sin apenas ser conscientes, adoptando posturas que, si se mantienen por largos periodos, pueden sobrecargar y lesionar los músculos implicados.
Otra reacción frente a temperaturas extremas son los escalofríos. Aunque son un mecanismo para producir calor, estos movimientos involuntarios y repetitivos pueden sobrecargar los músculos y provocar que se agarroten, dando lugar a molestias y limitaciones en la movilidad.
Para prevenir estas molestias, De la Serna recomienda adoptar unas sencillas medidas. En primer lugar, resulta fundamental protegerse adecuadamente usando prendas que ayuden a mantener la temperatura corporal, centrándose especialmente en zonas críticas como el cuello y la zona lumbar. Además, es importante mantenerse activo, aunque el frío pueda motivar la inactividad, puesto que el ejercicio regular favorece una mejor circulación y mantiene la elasticidad muscular, ayudando a prevenir la rigidez típica del invierno.
Asimismo, es conveniente cuidar la postura consciente y evitar encoger los hombros de forma prolongada. Realizar movimientos suaves cada dos horas es un buen hábito, especialmente para quienes realizan actividades sedentarias en el trabajo, para disminuir la tensión en la zona cervical y dorsal.
Cuando las contracturas ya se han manifestado, existen varias opciones de tratamiento. La aplicación de calor, conocida como termoterapia, resulta especialmente efectiva para relajar los músculos afectados por el frío. Los parches térmicos, que proporcionan calor de forma constante durante varias horas, se han demostrado como una solución práctica y eficaz. Estos dispositivos no solo incrementan el flujo sanguíneo en la zona, facilitando la reparación de los tejidos y la reducción del dolor, sino que también permiten continuar con las actividades cotidianas de forma cómoda y sin interrupciones.
Este tipo de tratamientos, además de ser poco invasivos, ofrecen una respuesta rápida para aliviar la tensión muscular y restaurar la movilidad. La exposición prolongada al calor ayuda a relajar los músculos, reducir la rigidez y mejorar la recuperación, haciendo que este método sea una opción recomendable para quienes buscan una solución sencilla y efectiva ante contracturas provocadas por el frío.
En definitiva, durante esta temporada fría, no olvides cuidar tu cuerpo. Con pequeñas acciones preventivas y una atención adecuada a las señales que te envía el cuerpo, puedes evitar molestias musculares y mantener una buena calidad de vida incluso en los meses más fríos. La clave está en protegerse, estar activo y actuar con rapidez ante los primeros síntomas de tensión muscular.

















