Escribiendo entre líneas de dolor y esperanza, Nacho Solís ha encontrado en la ficción una forma de sanación. Su viaje, desde un diagnóstico de cáncer hasta convertirse en un guionista aclamado, lo ha llevado a explorar la esencia humana a través de sus obras. Su carrera se ha visto catapultada por títulos como «París 70» y «Respira», este último un fenómeno global que ha captado la atención de críticos y espectadores a través de Netflix.
En una conversación profunda, Solís revela cómo su background como médico influye en su escritura. A pesar de sus éxitos, no se siente del todo cómodo en un entorno que puede parecer endogámico. Esa sensación de no pertenecer no ha sido suficiente para apagar su voz; más bien, lo ha empujado a encontrar su lugar con un enfoque fresco y humanizado. Con una mezcla de humor y sinceridad, sostiene que su experiencia en el ámbito de la salud le da una perspectiva única que contribuye a la complejidad de sus narrativas en la pantalla.
La crisis de la ficción en el prime time de la televisión se ha vuelto evidente en los últimos años. Mientras los formatos turcos han ganado terreno, Solís critica cómo las cadenas generalistas parecen temer a las narrativas potentes y sociales, reclamando una dosis de verdad que su audiencia anhela. En su opinión, la ficción española debería abrirse a temas que reflejen la realidad de los ciudadanos, en lugar de optar por historias que se sienten desprovistas de autenticidad.
«Defender la sanidad pública no es ser panfletario», argumenta. Solís ha enfrentado este dilema en «Respira», donde la serie retrata la lucha de los profesionales de la salud y las realidades desgastantes del sistema. A pesar de las inevitable críticas, contiene un mensaje que nace de la experiencia personal y profesional, aportando una voz necesaria en un debate que rara vez llega a las pantallas.
Entre su mezcla de humor y pragmatismo, Solís pone en relieve la incertidumbre de ser un guionista en un mundo donde las métricas y los algoritmos dictan el contenido. A medida que las plataformas digitales redefinen cómo se consumen las historias, la presión de captar la atención ha aumentado. Aun así, su enfoque sigue siendo el mismo: contar relatos resonantes y genuinos.
La nominación al Goya por «Sexo a los 70» pone de manifiesto otro de sus intereses: abordar tabúes en torno a la sexualidad en la vejez, un aspecto despreciado en muchas narrativas. En un paisaje cinematográfico que a menudo ignora la experiencia y deseo de las personas mayores, su trabajo invita a una reflexión más profunda, desafiando las percepciones culturales en torno al envejecimiento y la intimidad.
Las preguntas sobre el futuro de la ficción son constantes. Solís es optimista sobre su papel en la transformación de la narrativa española, abogando por un enfoque más audaz y menos temeroso al tocar temas sociales. A medida que la industria evoluciona, su deseo es claro: continuar utilizando la pantalla como un espejo donde las luchas y victorias humanas se reflejan, buscando resonar con aquellos que buscan no solo entretenimiento, sino también una conexión auténtica con las narrativas que importan.

















