El Gobierno de Estados Unidos ha tomado la controversial decisión de negar y revocar los visados de diplomáticos palestinos que planeaban asistir a la próxima Asamblea General de la ONU, programada para finales de septiembre. Este evento internacional se presenta como una plataforma crucial para abordar el conflicto palestino, que se perfilaba como uno de los temas centrales de discusión. Marco Rubio, secretario de Estado, argumentó que esta acción busca responsabilizar a la Organización de Liberación de Palestina (OLP) y a la Autoridad Palestina (AP) por incumplimientos en sus compromisos y por obstruir los esfuerzos de paz.
El embajador palestino ante la ONU, Riyad Mansour, expresó su sorpresa ante la medida y se mostró incierto sobre sus implicaciones para la delegación, aunque confirmó que la misión diplomática permanente recibiría una exención bajo un acuerdo con la sede de la ONU. Por otro lado, la comunidad internacional, incluida la Liga Árabe y la Unión Europea, ha manifestado su respaldo a la AP, a pesar de que Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha optado por marginarla. Mientras tanto, se espera que varios países, entre ellos potencias como Francia y Reino Unido, aprovechen la Asamblea para reconocer oficialmente al Estado palestino.
Ante esta situación, la presidencia palestina, liderada por Mahmud Abás, ha instado a Estados Unidos a reconsiderar su decisión, argumentando que contraviene el derecho internacional. En un comunicado, la AP se mostró sorprendida y preocupada, haciendo un llamado a revertir la decisión que impide la participación de su delegación. A medida que se acumulan las tensiones, las repercusiones de este movimiento estadounidense en el contexto de la Asamblea General parecen ser significativas, con un creciente potencial de apoyo internacional hacia Palestina.
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