En una reciente rueda de prensa en el Pentágono, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, defendió la operación militar conocida como Epic Fury, que resultó en la muerte del ayatolá Alí Jamenei, subrayando que esta no debe ser vista como un intento de cambio de régimen, a pesar de que su contexto ha cambiado significativamente. Hegseth describió la misión como “clara y devastadora”, diferenciándola de la guerra en Irak, mientras aseguraba que los ataques han sido llevados a cabo de manera precisa y abrumadora. A medida que avanza el conflicto, el secretario destacó cómo las capacidades estadounidenses se están fortaleciendo y las de Irán debilitando.
A su lado, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, admitió que las operaciones pueden extenderse más de lo anticipado, con la posibilidad de sufrir nuevas bajas entre los efectivos estadounidenses. Mientras que los detalles sobre la duración exacta del conflicto siguen siendo inciertos, se menciona que las acciones podrían prolongarse entre cuatro y cinco semanas, aunque la decisión final recaerá en el presidente Trump. Este enfoque ha generado preocupaciones dentro del propio Pentágono sobre el estado de las reservas de munición y la necesidad de ajustes en las estrategias de combate.
Las fuerzas estadounidenses continúan enfrentándose a represalias, habiendo interceptado cientos de misiles balísticos, aunque algunos han logrado impactar en bases y aliados. A pesar de los esfuerzos declarados por parte de la administración para mantener la situación bajo control, el ambiente en torno a la expansión del conflicto se ve afectado por la falta de comunicación pública de Trump desde el inicio de los ataques, lo que deja preguntas sobre los próximos pasos en un escenario de gran complejidad y tensión internacional.
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